• Tú eres mi Hijo Amado

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    7 de enero de 2024- El Bautismo de Jesús

    La dignidad de la persona humana está fundada en el hecho de ser, no solo criatura hecha a su imagen y semejanza, sino también hijo de Dios, independientemente de que uno sea consciente de ello. Ser consciente de esa realidad nos permite una relación íntima con el Padre que nos ama, como ama a su hijo Jesús.

    Esa conciencia de ser Hijo Amado del Padre es la que ha acompañado a Jesús a lo largo de toda su misión y de manera particular en el momento de su muerte (Is 42,1-7). En las manos del Padre encomienda su espíritu. En el bautismo de Jesús, se muestra su unción por el Espíritu, que le capacita para realizar la misión que el Padre le ha encomendado (Mc 1,7-11). Se trata de pasar haciendo el bien, liberando a los oprimidos por el diablo (Hechos 10,34-38).

    Jesús en su bautismo inaugura la irrupción del Reino de Dios y anticipa su Pascua, su éxodo, su ruptura con un mundo viejo y de pecado, para abrirse a la novedad del Reino. Hasta entonces Jesús había vivido tranquilamente junto a su madre en Nazaret. Pero el anuncio del Reino de Dios proclamado por Juan Bautista le hizo entrar en crisis y buscar una vida nueva. Dejó los valores tradicionales de la familia y la propiedad y se abrió a los valores del Reino que Él proclamará en las bienaventuranzas. Dejó una familia humana para crear en torno a Él una nueva familia de los que hacen la voluntad del Padre.

    Jesús indicó esa ruptura con su bautismo. Se hizo solidario con toda la masa de pecadores que se hacía bautizar para prepararse a la venida del Reino. Tomó sobre sí el pecado del mundo para  sepultarlo en su muerte y sepultura. El meterse en el agua hasta por encima de la cabeza representaba la muerte y sepultura. En cambio el salir del agua representa la resurrección. Por eso es al salir del agua cuando se produce esa revelación del Espíritu y del Padre, al rasgarse los cielos.  Es introducido así en el mundo nuevo del Reino en el que todos somos hijos en el Hijo.

    También el bautismo del cristiano es un gesto profético, pero ahora cargado de un sentido cristológico. Al sumergirse en el agua, el creyente se sumerge en la muerte de Cristo. Se muere con Él a todo lo que significa el mundo del pecado y del mal. De la misma manera que la vida es un don de Dios, este segundo nacimiento realizado en el bautismo es el don por excelencia que Dios nos hace, es el don de su Espíritu que renueva todas las cosas. Empezamos así a formar parte de la Iglesia, de la Familia de Dios. Somos hijos de Dios en Cristo Jesús, y herederos de la vida eterna. Esa vida está ya en germen en nuestra existencia y se manifiesta en la vivencia de los valores evangélicos que Jesús proclamó sobre todo en las bienaventuranzas.

    ¿Qué ha sido de nuestro bautismo? Quizás todavía no hemos sido  del todo conscientes de su significado. Nunca es tarde para enterarse y descubrir la maravilla de ser hijos de Dios. Porque somos hijos podemos participar en el banquete que el Padre prepara para su familia. Demos gracias a Dios porque nos ha adoptado como hijos en el Hijo Amado.


  • Encontraron al niño con María, su madre

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    6 de enero de 2024 – La Epifanía del Señor

    Los hombres han sido constantemente en el pasado, y lo siguen siendo, buscadores de Dios. La creencia de hace unas décadas de que la religión iba a desaparecer, ante los avances de la secularización y de la ciencia, se ha demostrado, con el tiempo, una ilusión.

    Como San Pablo, el papa ha intentado, con sus palabras y sus gestos, ayudarnos a descubrir el misterio (Ef 3,2-3.5-6). Su invitación se dirige a toda la Iglesia, una Iglesia sinodal y, por tanto, misionera. Es necesario salir, ponerse en camino hacia los más pobres. Fue lo que hicieron los magos cuando vieron la estrella. Dejaron su torre de observación y si pusieron a seguirla. También la Iglesia tiene que dejar sus torreones en los que se ha atrincherado muchas veces para salir a la intemperie.

    ¿Cómo buscar a Dios en nuestra cultura secularizada? Ante todo es necesario seguir los deseos  profundos de nuestro corazón, que no se dejan satisfacer simplemente con los bienes de consumo. San Agustín dirá: “nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. Hay, pues, que ponerse en camino siguiendo la estrella que brilla en nuestros corazones y no permanecer cómodamente instalados.

    Esta búsqueda sigue caminos intrincados como el de los Magos (Mt 2,1-12). Sintieron inmediatamente la tentación de buscar al Rey de los judíos en la capital, en Jerusalén, en el palacio de Herodes. Era lo más natural. No es fácil lo que llamamos la lectura de los signos de los tiempos, que tantas veces nos desconciertan porque no sabemos interpretarlos o queremos que digan lo que la cultura dominante nos repite constantemente: para ser felices, hay que tener dinero, consumir, pasarlo bien; lo que ayude a esto es verdadero progreso. Si se busca un rey, se piensa inmediatamente en palacios, en servidores, soldados, lujo y vida fácil. Pero no es ahí donde se puede encontrar a Jesús; la estrella que le guía a uno desaparece inmediatamente de la vista.

    Para entender los signos de los tiempos es necesario hacer una lectura de ellos a la luz de la Palabra de Dios. Pero necesitamos a alguien que nos interprete esa Palabra escrita hace más de dos siglos. Es verdad que el gran intérprete de la Escritura es el Espíritu Santo que todos hemos recibido en nuestro bautismo. Él es el maestro interior, pero se sirve de la Iglesia, Madre y Maestra, para ayudarnos en nuestra búsqueda de Dios. Con la Iglesia hoy estamos aprendiendo a leer la Biblia desde los pobres. A los ojos de Dios una población sin importancia como Belén puede ser el lugar ideal para nacer. No hace falta un palacio. Es suficiente una habitación de pastores. Es entre los pobres donde podemos encontrar a Jesús, con María, su Madre, como gustaba repetir el Beato Chaminade.

    Los Magos experimentan una gran alegría, que da sentido no sólo a la aventura emprendida sino a toda su vida. En el niño Jesús, reconocen a Dios y por eso lo adoran y le ofrecen sus regalos para corresponder al gran regalo que Dios nos ha hecho en la persona de Jesús. Sus vidas quedan transformadas. Tendrán que volver a vivir en su país en la monotonía de cada día, muchas veces sin estrellas, pero han regresado por otro camino. Los Herodes y los potentes de este mundo ya no cuentan para ellos. Tan sólo cuenta Jesús en quien han encontrado a Dios.

    En la celebración de la Eucaristía, nos encontramos con Jesús, que nos revela al Padre y nos introduce en la intimidad de la vida de Dios. Acojámosle en nuestro corazón, presentémosle el regalo de nuestra vida y compartamos con los demás la alegría del encuentro con Jesús.


  • El Señor te conceda la Paz

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    1 enero 2024- Santa María, Madre de Dios

    Como todos los años, el papa Francisco ha dirigido al mundo un mensaje para la Jornada Mundial de la Paz. Lleva por título “Inteligencia artificial y paz”. El Papa está atento a lo que ocurre en el mundo y preocupa a la humanidad. Con su reflexión quiere animar a hacer que los progresos en el desarrollo de formas de inteligencia artificial contribuyan, en última instancia, a la causa de la fraternidad humana y de la paz. Esta no es responsabilidad de unos pocos, sino de toda la familia humana.

    El progreso de la ciencia y de la tecnología debe ser un camino hacia la paz, pero está poniendo en las manos del hombre una vasta gama de posibilidades, algunas de las cuales representan un riesgo para la supervivencia humana y un peligro para la casa común. El Papa ve el futuro de la inteligencia artificial entre promesas y riesgos. Está claro que sus protagonistas se fijan solo en la eficiencia y olvidan muchas veces al resto de los mortales, víctimas de sus consecuencias. El mundo es cada vez más injusto y se ignora a los pobres. Por eso es preciso reforzar o, si es necesario, instituir organismos encargados de examinar las cuestiones éticas emergentes y de tutelar los derechos de los que utilizan formas de inteligencia artificial o reciben su influencia.

    Lo último que el mundo necesita es que las nuevas tecnologías contribuyan al injusto desarrollo del mercado y del comercio de las armas, promoviendo la locura de la guerra. Las aplicaciones técnicas más avanzadas no deben usarse para facilitar la resolución violenta de los conflictos, sino para pavimentar los caminos de la paz. En definitiva, el modo en que usamos la ciencia y la tecnología para incluir a los últimos, es decir, a los hermanos y las hermanas más débiles y necesitados, es la medida que revela nuestra humanidad.

    La fiesta de Santa María, Madre de Dios, sigue siendo como la Navidad, ante todo la fiesta de la vida (Lc 2,16-21). Una vida confiada a los cuidados de los hombres y mujeres. Una vida que debe ser protegida desde su concepción hasta el momento final. Una vida siempre amenazada por el egoísmo humano y las tendencias destructoras que residen en el corazón del hombre y que se pueden desbordar cuando son manipuladas por las ideologías políticas.

    María, Madre de Jesús, que es el Hijo de Dios, nos enseña a mirar al hombre concreto, al hombre sufriente y doliente que las ideologías consideran un número dentro de la nación, el pueblo, el estado. La verdad del hombre es siempre una verdad concreta, con un nombre propio, con un rostro único e  irrepetible, que traduce el rostro humano de Dios manifestado en Cristo Jesús. De la misma manera que los padres dan un nombre al hijo antes de nacer, Jesús fue llamado con ese nombre ya en el momento de la Anunciación. María es la puerta que abre este nuevo año y que nos introduce siempre en el Reino, porque Ella nos lleva siempre hacia Jesús. Que Ella nos acompañe a lo largo de todo este año y nos conceda la Paz y la Felicidad.


Lorenzo Amigo

Es sacerdote marianista, licenciado en filosofía y filología bíblica trilingüe, doctor en teología bíblica. Ha sido profesor de hebreo en la Universidad Pontificia de Salamanca y de Sagrada Escritura en el Regina Mundi de Roma. Fue Rector del Seminario Chaminade en Roma de 1998 a 2012. Actualmente es párroco de San Bartolomé, en Orcasitas, Madrid.


Sobre el blog

La Palabra de Dios es viva y eficaz. Hacer que resuene en nuestros corazones y aliente en nuestras vidas. Leer nuestro presente a la luz de la Palabra escuchada cada domingo. Alimentarse en la mesa de la Palabra hecha carne, hecha eucaristía. Tu Palabra me da vida.


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