• El Verbo se hizo carne

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    2 de enero de 2021 – 2º Domingo después de Navidad

    La encarnación y nacimiento del Hijo de Dios caracterizan la fe cristiana. Es, sin embargo, sorprendente que, en un país como la India, también musulmanes, hinduistas y budistas se asocian a la celebración de la Navidad. Es un misterio que habla al corazón del hombre y ayuda a comprender el misterio del hombre, llamado a la fraternidad universal. La encarnación del Verbo manifiesta la verdadera vocación y dignidad del hombre, ser hijo de Dios.

    En todas las religiones hay lo que los Padres llamaban “semillas del Verbo”. Es el Verbo el que ilumina a todo hombre (Juan 1,1-18). En todas las religiones hay elementos de verdad y ninguna religión, ni siquiera la cristiana, agota el misterio de Dios. Por eso los últimos papas han favorecido el diálogo religioso, no sólo como camino hacia la paz, sino también hacia la verdad de Dios y del hombre. Las religiones auténticas son amigas de la paz. El peligro está en que grupos politizados utilicen la religión para sus fines promoviendo incluso el terrorismo. Por eso es necesario que las religiones se abran las unas a las otras desde el respeto mutuo de las creencias de las demás.

    Por la encarnación, la humanidad ha entrado en el ámbito de Dios. Dios es un Dios de hombres. Pero también Dios ha entrado en la realidad humana. El hombre es un hombre de Dios y para Dios. Podemos reconocerlo o negarlo, pero la realidad es esa. Las religiones nos lo recuerdan. El misterio del hombre sólo se puede entender a partir de Dios que, según la fe cristiana,  se nos ha manifestado definitivamente en la persona de Cristo.

    Dios ha querido habitar con los hombres (Sir 24,1-4.12-16). Dios hubiera podido vivir en su espléndido aislamiento trinitario en el que no carecía de nada. Sin embargo ha querido convivir con nosotros para asociarnos a su vida divina. Y para ello ha creado la comunión y convivencia más íntima que se puede uno imaginar. Se ha inspirado en la comunión de amor de Padre e Hijo y ha querido que todos nosotros fuéramos también sus hijos en el Hijo. (Ef 1,3-6.15-18). Ese plan de salvación existe desde antes de la creación del mundo. Ni tan siquiera el pecado y el rechazo del hombre lo ha podido anular. El hombre sigue llamado a participar de la vida misma de Dios, de su amor, de su santidad. No se trata de una santidad de separación de lo profano sino, al contrario, de una santidad que se traduce en el amor a todo lo creado.

    El hombre descubre esa llamada a vivir en relación con Dios cuando entra en el profundo de su ser, yendo más allá de la banalidad y la dispersión de la vida cotidiana inauténtica en la que vivimos manipulados desde el exterior. Cuando uno en el silencio y en la reverencia de lo sagrado entra en su santuario interior del corazón, descubre no sólo que allí está Dios sino que su ser de hombre está creado a imagen de Dios. Descubre que los deseos infinitos de felicidad que existen en su corazón sólo se pueden satisfacer con el encuentro personal con alguien que nos ama incondicionalmente desde toda la eternidad y por eso nos ha traído a la existencia. El misterio de la encarnación es el misterio de nuestra divinización. En la celebración de la Eucaristía Jesús nos asimila a sí y hace de nosotros un solo Cristo para gloria de Dios Padre.

     

     


  • El Señor te conceda la paz

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    1 de enero 2022- Santa María, Madre de Dios

    Os deseo a todos un Feliz Año 2022, que comenzamos bajo la protección de Santa María, Madre de Dios. Que Ella haga realidad nuestros deseos de Paz y Felicidad (Num 6,22-27). Todos queríamos dejar atrás el año que ha terminado. Sin duda no cumplió los deseos que teníamos al comenzarlo. La crisis sigue y amenaza este nuevo año. Empezamos el Año 2022 con más contagiados que nunca. El año 2021 ha sido una año malo, pero quizás hayamos aprendido alguna lección nada agradable que puede, sin embargo, cambiar nuestra vida: Todos estamos en el mismo barco, o nos salvamos todos o perecemos todos. Es difícil admitir que no podemos seguir viviendo como vivíamos. Desde el comienzo de la pandemia el Papa Francisco ha recordado que la cultura del consumismo es insostenible y además inhumana. Es una cultura contra la vida. Necesitamos cultivar una cultura del amor, de la fraternidad y de la cercanía a todos los hombres. Necesitamos una cultura del cuidado de nosotros mismos, de los demás y de todo el planeta. Una de las exigencias, sin duda, es la vacuna gratuita para todos, no solo para los países ricos.

    Es también el tema que el Papa Francisco ha elegido para el tradicional Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz con el lema Diálogo entre generaciones, educación y trabajo: instrumentos para construir una paz duradera. Todavía hoy, el camino de la paz permanece desafortunadamente alejado de la vida real de muchos hombres y mujeres y, por tanto, de la familia humana, que está totalmente interconectada. En cada época, la paz es tanto un don de lo alto como el fruto de un compromiso compartido, alcanzado a través del diálogo.

    Todo diálogo sincero, aunque no esté exento de una dialéctica justa y positiva, requiere siempre una confianza básica entre los interlocutores. Debemos recuperar esta confianza mutua. La actual crisis sanitaria ha aumentado en todos la sensación de soledad y el repliegue sobre uno mismo. La instrucción y la educación son las bases de una sociedad cohesionada, civil, capaz de generar esperanza, riqueza y progreso. Desgraciadamente aumentan las inversiones en armamento y disminuyen en educación. El trabajo es la base sobre la cual se construyen en toda comunidad la justicia y la solidaridad. Por eso, no debe buscarse que el progreso tecnológico reemplace cada vez más el trabajo humano, con lo cual la humanidad se dañaría a sí misma.

    La fiesta de Santa María, Madre de Dios, sigue siendo como la Navidad, ante todo la fiesta de la vida (Lc 2,16-21). Una vida confiada a los cuidados de los hombres y mujeres. Una vida que debe ser protegida desde su concepción hasta el momento final. Una vida siempre amenazada por el egoísmo humano y las tendencias destructoras que residen en el corazón del hombre y que se pueden desbordar cuando son manipuladas por las ideologías políticas.

    María, Madre de Jesús, que es el Hijo de Dios, nos enseña a mirar al hombre concreto, al hombre sufriente y doliente que las ideologías consideran un número dentro de la nación, el pueblo, el estado. La verdad del hombre es siempre una verdad concreta, con un nombre propio, con un rostro único e  irrepetible, que traduce el rostro humano de Dios manifestado en Cristo Jesús. De la misma manera que los padres dan un nombre al hijo antes de nacer, Jesús fue llamado con ese nombre ya en el momento de la Anunciación. María es la puerta que abre este nuevo año y que nos introduce siempre en el Reino, porque Ella nos lleva siempre hacia Jesús. Que Ella nos acompañe a lo largo de todo este año y nos conceda la Paz y la Felicidad.


  • Tu padre y yo te buscábamos

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    26 de diciembre de 2021 – La Sagrada Familia

     

     Estamos viviendo el «Año Familia Amoris Laetitia», que durará hasta el 26 de junio 2022. La familia ha sido el gran regalo de Dios a la humanidad, por eso el mismo Dios ha querido nacer en el seno de una familia humana. La familia no es monopolio de los cristianos. Ella es la célula de la sociedad donde se acoge la vida y se forma a las personas. La Iglesia ofrece hoy diversas posibilidades de lecturas. Aquí yo he escogido unas concretas de entre  las propuestas.

    Cada vez se experimentan mayores dificultades en la educación de los hijos. La culpa se le echa muchas veces a los padres acusándoles de que les consienten todo. Otras veces se dice que la escuela ha dimitido de su misión. En general estamos tentados de educar a los niños en los mismos valores que nosotros consideramos ahora importantes, pero los niños vivirán en otro mundo distinto al de ahora. Es verdad que los grandes valores no pasan nunca, pero la manera de vivirlos está cambiando constantemente.

    A José y María se les confió la educación de Jesús. No debió ser fácil precisamente porque se trataba de un niño especial, aunque las cosas parecían desarrollarse con toda normalidad. Se sirvieron de sus pequeñas luces de personas religiosas no estudiadas pero que tenían una cierta familiaridad con la Palabra de Dios escuchada en la sinagoga y meditada en el corazón. José y María sabían que ese niño venía de Dios, pero todo parecía tan normal que casi lo olvidan. Cuando Jesús a los doce años se queda en el templo y se justifica diciendo que debe ocuparse de las cosas del Padre, no entienden lo que les quiere decir (Lc 2,41-52). Pero respetan la decisión del muchacho y no reaccionan violentamente.

    Los padres aprenden a ser padres poco a poco. Al principio es difícil adaptarse a ese nuevo miembro que ha irrumpido en la familia y que solicita toda la atención de los padres. Normalmente los padres jóvenes solicitan el consejo de sus padres. José y María debieron aprender de la tradición de su pueblo a ser padres. El ejemplo de Ana, que nos propone la primera lectura, es elocuente (1 Sam 1,20-22.24-28). Ella reconoce que su hijo es un don de Dios y por eso pertenece a Dios. Los padres hoy día no debieran olvidar esa verdad. Los hijos no les pertenecen totalmente. Son los padres los que pertenecen a los hijos, sobre todo hasta que lleguen a poder desenvolver la propia vida. No se debe utilizar a los hijos para realizar aquello que nosotros no hemos podido hacer. Debemos prepararlos para que puedan realizar el plan de Dios sobre ellos.

    Jesús ha venido a revelarnos el misterio de Dios, el misterio del hombre, el misterio del amor. Por eso ha empezado experimentando el amor en el seno de una familia. Se ha sentido deseado, amado y acogido ya antes de nacer. María y José dejaron sus planes personales para acogerlo a él como el gran don del Padre. Ese amor incondicional de sus padres le marcó para toda su vida y le preparó para poder hablar de Dios desde la experiencia vivida. Tan sólo con el paso de los años comprendemos lo que han sido nuestros padres para nosotros. Saber lo que significa ser hijo de Dios, tan sólo lo experimentaremos en plenitud cuando lleguemos a la casa del Padre (1 Jn 3,1-2.21-24).

    Son los valores del Evangelio los que dan sentido a la familia humana e impiden que ésta se convierta en un egoísmo a dos o egoísmo a tres. Sólo abriéndonos a la perspectiva de la familia de Dios que es la Iglesia, nuestras familias humanas descubren su misión en el mundo: hacer presente a Jesús para construir el Reino. Que la celebración de esta eucaristía sea ante todo una celebración agradecida a Dios por el regalo de nuestras familias.

     


Lorenzo Amigo

Es sacerdote marianista, licenciado en filosofía y filología bíblica trilingüe, doctor en teología bíblica. Ha sido profesor de hebreo en la Universidad Pontificia de Salamanca y de Sagrada Escritura en el Regina Mundi de Roma. Fue Rector del Seminario Chaminade en Roma de 1998 a 2012. Actualmente es párroco de San Bartolomé, en Orcasitas, Madrid.


Sobre el blog

La Palabra de Dios es viva y eficaz. Hacer que resuene en nuestros corazones y aliente en nuestras vidas. Leer nuestro presente a la luz de la Palabra escuchada cada domingo. Alimentarse en la mesa de la Palabra hecha carne, hecha eucaristía. Tu Palabra me da vida.


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