• ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?

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    6 de enero de 2013 – Epifanía del Señor

    A pesar de las dificultades que estamos experimentando en la transmisión de la fe y de los escasos resultados obtenidos, estamos convencidos de que Dios ama a los hombres y se les sigue manifestando.  Como los Magos del evangelio (Mt 2,1-12), el hombre de hoy, de vez en cuando ve aparecer una estrella en el horizonte de su vida que lo guía, aunque sea de manera confusa, hacia Dios. Son esas experiencias de plenitud y de sentido que nos confirman que no estamos solos, que nuestra vida está abrazada por el misterio del amor.

    Esas experiencias apuntan en dirección al misterio de Dios, pero no nos permiten adueñarnos de Él. Más bien nos indican los pasos a dar para poder algún día encontrarlo. Ante todo hay que ponerse en camino, dispuestos a cruzar fronteras. El encuentro con Dios nos desinstala constantemente y nos constituye en eternos buscadores de Dios. En vez de apagar nuestro deseo, como ocurre con los deseos humanos una vez satisfechos, el encuentro con Dios provoca de nuevo el deseo de buscarlo y encontrarlo.

    Pero hay que estar bien atentos en esta búsqueda para no dejarse desorientar por los signos de la presencia misteriosa del Señor. Los Magos pensaron ingenuamente que el Rey de los judíos habría nacido en la capital, en el palacio del Rey. Por eso se fueron directamente a Jerusalén a ver a Herodes. Esto pudo costarles caro. No es de extrañarse que la estrella no vuelva a salir hasta se pusieron de nuevo en camino, marchándose de Jerusalén.

    Nuestra búsqueda de Dios se mueve en la ambigüedad de la existencia. Fácilmente nos dejamos engañar por las respuestas fáciles porque queremos ver saciado inmediatamente nuestro deseo. Para poder discernir los signos de su presencia, el Señor nos ha dejado su Palabra, que es como una lámpara que alumbra nuestro camino. Es la Palabra de Dios la que nos da la verdadera perspectiva sobre la realidad y los acontecimientos, y la que llevó al evangelista a reinterpretar una profecía antigua y le lleva a exclamar: “Belén no es ni mucho menos la última de las ciudades de Judá”. Aunque no sea la capital, es en ella donde ha nacido el Rey de los judíos.

    Al P. Chaminade le gustaba repetir que “vieron al Niño con María, su madre”. Dios está donde está María. La Familia Marianista quiere ser una realidad eclesial mariana en la que sea fácil encontrar a Dios, porque en ella se viven las actitudes que agradan a Dios y hacen que Él se encuentre a gusto: la cordialidad, la hospitalidad, la acogida, la fe que asume riesgos, la cercanía a los pobres y necesitados. La Familia Marianista será un signo de la presencia del Señor si cambia nuestras vidas.

    Los Magos experimentan una gran alegría, que da sentido no sólo a la aventura emprendida sino a toda su vida. En el niño Jesús, reconocen a Dios y por eso lo adoran y le ofrecen sus regalos para corresponder al gran regalo que Dios nos ha hecho en la persona de Jesús. Sus vidas quedan transformadas. Tendrán que volver a vivir en su país en la monotonía de cada día, muchas veces sin estrellas, pero han regresado por otro camino. Los Herodes y los potentes de este mundo ya no cuentan para ellos. Tan sólo cuenta Jesús en quien han encontrado a Dios.

    En la celebración de la Eucaristía, nos encontramos con Jesús, que nos revela al Padre y nos introduce en la intimidad de la vida de Dios. Acojámosle en nuestro corazón, presentémosle el regalo de nuestra vida y compartamos con los demás la alegría del encuentro con Jesús. En esta eucaristía presentemos al Señor nuestras vidas como el mejor regalo que podemos ofrecerle, para que Él las transforme y nos haga testigos de su presencia en el mundo.


  • El Señor te conceda la paz

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    1 de enero de 2013 – Santa María, Madre de Dios

    Os deseo a todos un Feliz Año 2013, que comenzamos bajo la protección de Santa María, Madre de Dios. Que Ella haga realidad nuestros deseos de Paz y Felicidad (Num 6,22-27). Todos queríamos dejar atrás el año que ha terminado. Sin duda no cumplió los deseos que teníamos al comenzarlo. La crisis sigue y amenaza este nuevo año. El papa Benedicto XVI ha escrito un mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, que pone el dedo en la llaga: Para salir de la actual crisis financiera y económica – que tiene como efecto un aumento de las desigualdades – se necesitan personas, grupos e instituciones que promuevan la vida, favoreciendo la creatividad humana para aprovechar incluso la crisis como una ocasión de discernimiento y un nuevo modelo económico.

    El Papa, en el mensaje de este año titulado “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9), presenta la paz como un don de Dios y como una tarea del hombre. Lógicamente se fija en el segundo aspecto. Aquí tienes algunos extractos. Los que trabajan por la paz son quienes aman, defienden y promueven la vida en su integridad.  Entre los derechos humanos fundamentales, también para la vida pacífica de los pueblos, está el de la libertad religiosa de las personas y las comunidades.

    Uno de los derechos y deberes sociales más amenazados actualmente es el derecho al trabajo. Esto se debe a que, cada vez más, el trabajo y el justo reconocimiento del estatuto jurídico de los trabajadores no están adecuadamente valorizados, porque el desarrollo económico se hace depender sobre todo de la absoluta libertad de los mercados. El trabajo es considerado una mera variable dependiente de los mecanismos económicos y financieros. Quien trabaja por la paz realiza la actividad económica por el bien común, vive su esfuerzo como algo que va más allá de su propio interés, para beneficio de las generaciones presentes y futuras. Se encuentra así trabajando no sólo para sí mismo, sino también para dar a los demás un futuro y un trabajo digno.

    Actualmente son muchos los que reconocen que es necesario un nuevo modelo de desarrollo, así como una nueva visión de la economía. Todos los que trabajan por la paz están llamados a cultivar la pasión por el bien común de la familia y la justicia social, así como el compromiso por una educación social idónea. Es necesario proponer y promover una pedagogía de la paz. Ésta pide una rica vida interior, claros y válidos referentes morales, actitudes y estilos de vida apropiados.

    La fiesta de Santa María, Madre de Dios, sigue siendo como la Navidad, ante todo la fiesta de la vida (Lc 2,16-21). Una vida confiada a los cuidados de los hombres y mujeres. Una vida que debe ser protegida desde su concepción hasta el momento final. Una vida siempre amenazada por el egoísmo humano y las tendencias destructoras que residen en el corazón del hombre y que se pueden desbordar cuando son manipuladas por las ideologías políticas.

    María, Madre de Jesús, que es el Hijo de Dios, nos enseña a mirar al hombre concreto, al hombre sufriente y doliente que las ideologías consideran un número dentro de la nación, el pueblo, el estado. La verdad del hombre es siempre una verdad concreta, con un nombre propio, con un rostro único e  irrepetible, que traduce el rostro humano de Dios manifestado en Cristo Jesús. De la misma manera que los padres dan un nombre al hijo antes de nacer, Jesús fue llamado con ese nombre ya en el momento de la Anunciación. María es la puerta que abre este nuevo año y que nos introduce siempre en el Reino, porque Ella nos lleva siempre hacia Jesús. Que Ella nos acompañe a lo largo de todo este año y nos conceda la Paz y la Felicidad.

     

     


  • El amor es el lazo de la unidad

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    30 de diciembre de 2012- La Sagrada Familia

    La crisis actual ha puesto de nuevo de relieve la importancia fundamental de la familia. Padres ancianos que vivían en residencias han vuelto a vivir de nuevo con sus hijos para ayudarles a hacer frente a las dificultades económicas. La familia es una realidad humana, apreciada en todas las culturas, pues es la célula de la sociedad. Desgraciadamente ésta y sus gobiernos se olvidan muchas veces de proteger la familia, incluso llegan a ponerle todo tipo de dificultades.

    Jesús nació en el seno de una familia humana. José y María cuidaron de él, le ayudaron a crecer y lo educaron para que pudiera llegar a ser una persona adulta responsable. La Sagrada Familia es el modelo de la familia cristiana, en realidad de toda familia ya que es de Dios mismo de quien procede toda paternidad en la tierra y en el cielo. La familia tiene un valor en sí como santuario de la vida. En ella uno es amado por lo que es, independientemente de que uno sea rentable económicamente. La familia cristiana trata de vivir la misma realidad de amor que viven todas las familias. Eso sí, vivida la vida familiar como Iglesia doméstica, la familia se consolida y es capaz de afrontar los desafíos del presente, que amenazan constantemente la estabilidad de la familia.

    A José y María se les confió la educación de Jesús. No debió ser fácil precisamente porque se trataba de un niño especial, aunque las cosas parecían desarrollarse con toda normalidad. José y María sabían que ese niño venía de Dios, pero todo parecía tan normal que casi lo olvidan. Cuando Jesús a los doce años se queda en el templo y se justifica diciendo que debe ocuparse de las cosas del Padre, no entienden lo que les quiere decir (Lc 2,41-52). Pero respetan la decisión del muchacho y no reaccionan violentamente.

    Hoy existe, como ha recordado tantas veces el papa, un auténtico desafío educativo. No se trata sólo de enseñar y transmitir conocimientos técnicos sino de educar en los auténticos valores que sostienen la vida social de un país. Es en el seno de la familia donde se adquiere por ósmosis esos valores humanos y religiosos. Desgraciadamente la situación social hace que muchas familias tiendan a desentenderse y delegar totalmente la responsabilidad de la educación de los hijos en las instituciones escolares. Éstas muchas veces buscan una excelencia puramente académica y dejan de lado la formación integral de la persona.

    Gracias a José y a María, Jesús pudo madurar y prepararse para su misión asimilando todos los grandes valores de su pueblo. También José y María maduraron en contacto con Jesús, aprendiendo a vivir para Él y respetando sus opciones, aunque no comprendieran su actuación.   Son los valores del Evangelio los que dan sentido a la familia humana e impiden que ésta se convierta en un egoísmo a dos o egoísmo a tres. Sólo abriéndonos a la perspectiva de la familia de Dios que es la Iglesia, nuestras familias humanas descubren su misión en el mundo: hacer presente a Jesús para construir el Reino. Que la celebración de esta eucaristía nos ayude a crear la gran familia humana de los hijos de Dios.

     

     


Lorenzo Amigo

Es sacerdote marianista, licenciado en filosofía y filología bíblica trilingüe, doctor en teología bíblica. Ha sido profesor de hebreo en la Universidad Pontificia de Salamanca y de Sagrada Escritura en el Regina Mundi de Roma. Fue Rector del Seminario Chaminade en Roma de 1998 a 2012. Actualmente es párroco de San Bartolomé, en Orcasitas, Madrid.


Sobre el blog

La Palabra de Dios es viva y eficaz. Hacer que resuene en nuestros corazones y aliente en nuestras vidas. Leer nuestro presente a la luz de la Palabra escuchada cada domingo. Alimentarse en la mesa de la Palabra hecha carne, hecha eucaristía. Tu Palabra me da vida.


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