• El don de la fe

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    8 de agosto de 2021 – 19 Domingo Ordinario

    ¿Por qué seguimos creyendo en Jesús mientras muchos de nuestros compañeros dejaron de creer? La fe o la falta de fe forman parte de la historia de nuestras vidas. Por eso cada caso es diferente y hay que tener en cuenta la situación del creyente, tanto individual como colectivamente. El rechazo de Jesús por parte de su pueblo provocó toda una reflexión en sus discípulos.

    El motivo del rechazo suele concentrarse en la negación de la resurrección y de la encarnación del Hijo de Dios. Los oyentes de Jesús se escandalizan de que éste, cuyos orígenes humanos les son bien conocidos, pretenda venir del cielo, es decir venir de Dios. Comprendieron muy claramente que Jesús no se presentaba como un simple enviado de Dios como Moisés, sino que en Él estaba presente Dios de una manera distinta a como se solía repetir en su pueblo: “el enviado es como el que lo envía” (Jn 6,41-52).

    Es el misterio de la persona de Jesús el que provoca la fe y la falta de fe en los que se le acercan. Los que creen en Jesús hacen la experiencia de encontrarse con Dios en Él. Los que lo rechazan afirman que en Jesús sólo encuentran una persona humana como las demás. ¿Por qué ese conflicto de interpretaciones? Es aquí donde descubrimos lo complejo de la experiencia que llamamos creer en Jesús. Toda experiencia nos es dada, no es fruto de nuestro pensamiento. No basta decidir quiero creer en Jesús. Es necesario que el Padre nos atraiga hacia Jesús para poder experimentar en su persona la presencia de Dios. Es Dios el que se nos da en la experiencia de Jesús.

    ¿Cómo se nos da Dios en Jesús cuando creemos en Él? Dios se nos da a través de su palabra, que el creyente tiene que escuchar y aprender. La escucha supone la obediencia, el estar dispuesto a acoger esa palabra y vivir según ella. El aprender hace de nosotros discípulos de Dios, que tienen un trato de amistad con Él y no una simple relación intelectual de maestro y discípulo. El que está familiarizado a tratar con Dios inmediatamente va hacia Jesús, porque descubre que Jesús es la Palabra, el Verbo de Dios. En realidad uno sólo puede entrar en contacto con Dios a través de Jesús, su Palabra encarnada.

    ¿Por qué a unos se les da el creer y a otros no? ¿Por qué unos conservan la fe y otros la abandonan? La convicción cristiana es que Dios se manifiesta a todos, también a los no cristianos y a los no creyentes. Y en esa manifestación nos ofrece su gracia y su amor y nos invita a un diálogo amoroso con Él. El amor y la fe son libres. Puedo responder sí o no al ofrecimiento que se me hace. Dependerá de la atracción profunda que la persona que me ofrece su amor ejerza sobre mí. Puedo en un cierto momento acoger ese amor y desgraciadamente puedo pocos años más tarde dejar que ese amor desaparezca.

    Solemos decir que tenemos fe. En realidad es la fe la que nos tiene por la mano a nosotros. Si Dios nos deja de su mano, también nosotros nos convertiremos en no creyentes. Y como recordó una vez el Papa Francisco. Quizás, al final, nos llevemos muchas sorpresas. Muchos que que decían que no creían en Dios, en realidad lo estaban acogiendo en sus vidas. Por el contrario, muchos que se dicen muy creyentes no se han encontrado nunca personalmente con él.  Que la celebración de la Eucaristía nos ayude a cultivar la relación personal con Jesús.


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    1 de agosto de 2021 – 18 Domingo Ordinario

    Hace setenta años  todos los niños españoles sabían quién era Jesús. El Jesús del catecismo y de la misa del domingo formaba parte de la vida de entonces. Hoy día son muchos los niños que no han oído hablar de Jesús en sus familias ni quizás tampoco en sus colegios. No siguen la clase de religión sino la de valores.  Sin duda alguna son sus padres los que ni siquiera se plantean por qué creer en Jesús pues ellos mismos quizás ya tampoco oyeron hablar de él salvo en alguna película.

    Los judíos le  preguntaron a Jesús por qué tenían que creer en él, por qué Dios quería que creyeran en él (Jn 6,24-35). Le pidieron un signo, una prueba, de que su persona merece nuestra adhesión incondicional. Quieren ver alguna manifestación que les permita concluir que Dios está actuando en Él. Sus antepasados en el desierto comieron un pan venido  de Dios por medio de Moisés. Ellos creían en el Dios de Moisés. ¿Qué es lo que Jesús puede ofrecer que ponga al hombre en relación con la realidad definitiva, con Dios? Desgraciadamente a muchos de nuestros contemporáneos tampoco les interesa la cuestión de creer o no creer en Dios. Tienen otros problemas más urgentes o hay otras realidades más atractivas que ocuparse de un Dios que no aparece en la pantalla de nuestros móviles.

    Jesús declara que sólo Dios puede poner en relación con lo definitivo, con la Vida con mayúscula. Sin duda también los judíos confiesan que la vida viene de Dios y que Dios mantiene nuestra vida a través del alimento cotidiano que recibimos de su generosidad. Pero el pan del cielo que recibió el pueblo de Dios en el desierto no dio la vida definitiva. No basta con que venga del cielo, tiene que dar la vida al mundo. Dios, sin duda, se ha comunicado al hombre a través de muchos mediadores, pero tan sólo en Cristo Jesús el hombre tiene la Vida eterna. Por eso Jesús declara: Yo soy el pan de vida.

    ¿Por qué seguimos creyendo en Jesús? Sin duda porque hemos ido viviendo y experimentando que en Él tenemos vida, y vida en abundancia. La fe en Jesús no es algo secundario en nuestra existencia sino que pertenece a la realidad más concreta y vital, al sentido de nuestra vida. Creyendo en Jesús uno escapa al vacío de la existencia  y abandona una vida movida tan sólo por los deseos del placer (Ef 4,17,20-24). Siguiendo a Jesús se entra en una dinámica de renovación continua del espíritu. Es el Espíritu de Jesús el que crea una nueva condición humana, creada a imagen de Dios. Uno supera el vacío de la existencia y se descubre como alguien valioso a los ojos de Dios y de los demás.

    ¿Por qué creo en Jesús? Con el tiempo me doy cuenta que mi fe en Jesús no fue el resultado de una reflexión, ni tan siquiera de una experiencia particular que me llevara a creer en Él. En realidad mi fe es una respuesta a su presencia en mi vida, a su amor que me amó primero. Su presencia en aquellos tiempos de infancia era algo natural. Uno la sentía en la familia, en la escuela, en la parroquia, en los amigos. Uno se sentía acompañado por un Amigo. ¿Por qué voy a dejar al Amigo del que sólo estoy recibiendo constantemente bienes?

    Los judíos pidieron a Jesús: danos siempre de ese pan de vida. Nosotros sabemos que es Jesús ese pan de vida, que nos alimenta en la mesa de la Palabra y en la mesa de la Eucaristía. Que encontremos siempre en Él el amigo que no nos abandona nunca sino que nos va introduciendo cada vez más en su intimidad y en la intimidad del Padre.


  • Servir y dar la vida

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    25 de Julio de 2021 – Santiago apóstol, Patrono de España

     

    La situación religiosa de nuestro país ha cambiado de tal manera durante los últimos cuarenta años que muchos tienen dificultad para creer lo que estamos viviendo. Sin duda que los cambios se han acelerado en todos los aspectos.  No cabe duda de que nos hemos modernizado. Y, para muchos, modernizarse es abandonar la fe y las tradiciones. Todo ello ha sido favorecido por la nueva cultura de usar y tirar. Hay, sin embargo, noticias que no desaparecen de los titulares durante estos dos últimos años. El coronavirus sigue  siendo noticia. El crecimiento del número de pobres, también en nuestro país, no se detiene. Aunque no salgan en los titulares todos los días, los vemos por nuestras calles y están presentes también en nuestras familias. Ante esta situación, el gobierno, la Iglesia y la mayoría de creyentes y no creyentes estamos totalmente desorientados  e indignados, todos  contra todos.

    Cuenta la tradición que el apóstol Santiago encontró grandes dificultades en la evangelización de España de manera que empezó a desanimarse. La Virgen del Pilar se le apareció en Zaragoza para darle ánimos y asegurarle que su predicación produciría frutos. No hay pues que echar la toalla en el momento presente por las dificultades que experimentamos en el anuncio del evangelio. Un día producirá sus frutos porque el evangelio es siempre una fuerza de salvación para el creyente.

    Quizás Santiago se había imaginado que estaba ya en el reino del Señor y que se trataba de tener un buen puesto y una vida tranquila. Por eso junto a su hermano Juan, se lo habían pedido a su madre para que fuera a ver a Jesús (Mat 20,20-28). A ésta no se le ocurrió otra cosa que presentarse cuando estaban todos los apóstoles. Éstos se indignaron contra los dos hermanos, con razón, pues también ellos tenían sus ambiciones personales.

    Jesús sondeó la disponibilidad de los dos hermanos a compartir su vida y destino. Ellos se declararon decididos a todo, no sé si sabiendo muy bien a lo que se comprometían. En todo caso Jesús los tomó por la palabra, y al mismo tiempo dejó claro que Él no les iba a dar el puesto que pedía para ellos la madre. Eso dependía del Padre.

    Luego Jesús intentó poner calma en el grupo soliviantado y les declaró las normas del Reino de Dios. No son las mismas de los reinos de la tierra donde los poderosos se aprovechan de su situación para someter a los súbditos y emplearlos para sus propios intereses. En su Reino, el que quiera ser grande tiene que serlo en el servicio: “servir a Dios es reinar”. Es lo que Jesús estaba haciendo. Era el servidor de todos y entregaba su vida en rescate por muchos.

    Santiago debió entender la lección pues de hecho puso su vida al servicio del evangelio y fue el primero de los apóstoles que dio su vida por su Señor (Hechos 4,3.5.12.27b-33; 12, 1b). San Pablo de manera más amplia nos presenta cuál es la vida del apóstol de Cristo (2 Cor 4,7-15). Lleva un tesoro en vasijas de barro, que se pueden fácilmente quebrar. La Iglesia debe estar atenta a ese tesoro y hacer todo lo posible para que esas vasijas, que son sobre todo sus ministros, no se rompan.

    En este momento crucial de la historia de la Iglesia, sentimos el acoso y las dificultades, consecuencias de nuestros pecados, pero estamos convencidos de que el Señor Jesús nos sigue confiando ese tesoro de la salvación. Es en la debilidad donde se muestra que toda la fuerza viene de Dios y no del elemento humano de la Iglesia. Con esta confianza damos gracias a Dios en la Eucaristía por el don de la fe y pedimos que seamos fieles al encargo que hemos recibido.


Lorenzo Amigo

Es sacerdote marianista, licenciado en filosofía y filología bíblica trilingüe, doctor en teología bíblica. Ha sido profesor de hebreo en la Universidad Pontificia de Salamanca y de Sagrada Escritura en el Regina Mundi de Roma. Fue Rector del Seminario Chaminade en Roma de 1998 a 2012. Actualmente es párroco de San Bartolomé, en Orcasitas, Madrid.


Sobre el blog

La Palabra de Dios es viva y eficaz. Hacer que resuene en nuestros corazones y aliente en nuestras vidas. Leer nuestro presente a la luz de la Palabra escuchada cada domingo. Alimentarse en la mesa de la Palabra hecha carne, hecha eucaristía. Tu Palabra me da vida.


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