• No temas; desde ahora serás pescador de hombres

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    10 de febrero de 2013 – 5 Domingo Ordinario

    El Año de la Fe es ante todo una invitación a encontrarse personalmente con Jesús. El evangelio en el fondo es la historia de todo un grupo de personas que se fueron encontrando con Él. Ese encuentro cambió sus vidas. La experiencia fundante de todos los encuentros es lo que llamamos la vocación. Todos hemos sido llamados a la vida. Eso hace del hombre un oyente dela Palabra. Todos somos vocacionados, llamados constantemente por Dios en Cristo Jesús. Esa llamada fundamental se especifica después en vocaciones particulares. Todas ellas suponen un encuentro personal con Cristo.

    Ese encuentro sucede en la cotidianidad de la vida. Y el vivir nunca es aislado. Uno está siempre inmerso en una serie de relaciones personales y con el mundo. Dios ha querido salvar a los hombres en comunidad y no como individuos aislados. Para llevar adelante esa misión se eligió un pueblo, con diversas instituciones al servicio de la salvación. También Jesús, desde el comienzo de su misión reúne en torno a sí un grupo, que hace presente ya la salvación y estará al servicio de la salvación a lo largo de los siglos.

    Jesús llama y convoca a formar una comunidad. Es Él el que tiene la iniciativa y llama como manifestación de su amor que nos elige para una misión. Ésta no tiene tanto que ver con un trabajo concreto sino con una manera de vivir nuestro encuentro con Dios. Isaías descubrió su vocación de profeta en una visión en la que Dios se le manifestó con toda su gloria ante la que quedó sobrecogido (Is 6,1-8). La irrupción del Dios santo en su vida le hizo consciente de su pecado. Pero el amor misericordioso de Dios lo purificó y lo preparó para ser su profeta purificando sus labios de manera que sean instrumentos adecuados para anunciar la Palabra de Dios. En su encuentro con Dios, Isaías descubre que éste tiene necesidad de hombres para poder realizar su misión. Inmediatamente se pone a disposición de Dios para lo que Él quiera.

    Pablo sintió su llamada y la misión que se le confiaba en una aparición del Señor Resucitado. La Buena Noticia de Jesús se concentra sobre todo en su resurrección. Jesús Resucitado es el fundamento de nuestra fe y de nuestra salvación. En la resurrección de Jesús descubrimos que Dios verdaderamente ha perdonado a la humanidad y ha realizado el acto definitivo de su amor (1 Cor 15,1-11).

    Los discípulos que nos presenta el evangelio, a diferencia de Pablo, tuvieron la suerte de encontrarse con el Jesús histórico y escuchar su llamada. Ésta tiene lugar en la vida ordinaria, durante el trabajo de unos pescadores (Lc 5,1-11). No sería la primera vez que después de bregar toda una noche volvían con las barcas vacías. Esta vez, sin embargo, encuentran una persona que, sin saber de la pesca, les da la indicación segura. Haberse fiado de su palabra, haber tenido fe en Él, es lo que hizo posible el milagro.

    También Pedro, como Isaías, experimenta su ser pecador ante la santidad de Jesús y tiene miedo. Pero ni Dios ni Jesús están para meter miedo a los pecadores sino para acercarse a ellos y para llamarlos a colaborar con Él en la misión de salvar a los hombres. “Ser pescador de hombres” es la misión que Jesús les va a confiar a aquellos pescadores. La pesca será la imagen del Reino, en cuanto reúne y convoca a las personas, no para pescarlas sino para invitarlas a formar parte de la comunidad de los salvados. De esa manera la vocación no los desarraiga en sus vidas. Seguirán siendo pescadores, pero ahora pescadores de hombres.

    Todos nosotros estamos llamados a colaborar con Jesús en la salvación del mundo, en hacer que las personas tengan vida en abundancia. Que la celebración de esta eucaristía nos haga descubrir nuestra llamada al servicio del Reino y que no tengamos miedo a dejar lo que haya que dejar con tal de estar en compañía del Señor.

     

     


  • Ningún profeta es bien mirado en su tierra

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    3 de febrero de 2013 – 4 Domingo Ordinario

    Llama la atención el anticlericalismo existente en algunos países tradicionalmente católicos en los que la Iglesia tuvo un poder temporal fuerte en el pasado. En Estados Unidos donde el catolicismo ha sido una fuerza de segunda categoría no se ve ese anticlericalismo feroz que de vez en cuando hace su aparición entre nosotros. Eso no significa que la Iglesia católica no entre en conflicto con el estado americano en numerosas cuestiones familiares y sociales, pero no se produce una descalificación total de ella.

    Desde siempre, los hombres de Dios, los profetas, han entrado en conflicto con las autoridades políticas y religiosas, pero también con el pueblo llano. Ellos no saben nada de lo políticamente correcto. Los profetas han proclamado las exigencias de Dios, sin miedo a tener que jugarse el tipo. Lógicamente, como todos, han experimentado miedo al tener que confrontarse con los poderosos. Su fuerza les ha venido siempre de su llamada divina. Nadie es profeta por gusto propio sino que Dios los obliga a serlo. Es lo que le pasó a Jeremías. Dios lo eligió consagrándolo con su Espíritu, es decir con la fuerza misma de Dios. Así será capaz de realizar la misión, que sin duda se presenta difícil. Tenemos ya anticipados los conflictos de Jeremías, fuente de tantos sinsabores para el profeta. Si no se dio por vencido fue porque Dios estuvo con él para librarlo (Jr 1,4-5;17-19).

    Ese rechazo por parte del pueblo, rechazo que puede llegar a la muerte, fue el destino de todo profeta. Lo mismo le ocurrirá a Jesús, el profeta definitivo enviado por Dios para manifestar su voluntad a los hombres (Lc 4,21-30). El rechazo por parte de sus paisanos de Nazaret, a los que había proclamado un tiempo de gracia y de salvación, anuncia lo que será el rechazo definitivo en Jerusalén y su condena a muerte. Aquí ya lo intentan despeñar, pero Él se abrió paso entre ellos y se marchó. La incredulidad de sus paisanos viene provocada por el hecho de que lo conocen demasiado bien y no pueden imaginarse que él sea un profeta enviado de Dios. Aunque se diga que ha hecho milagros en otras ciudades, ellos no han visto ninguno que legitime su pretensión de ser enviado de Dios. Los conciudadanos de Jesús conocían bien su historia, su familia, su falta de formación. No era posible que en aquella persona, tan humana, demasiado humana, Dios estuviera haciendo la oferta definitiva de salvación. Es difícil admitir que la salvación se encarne en las realidades cotidianas de la existencia. Esperamos siempre algún acontecimiento milagroso extraordinario para empezar a convertirnos.

    Jesús rechazado no renunció a su misión aun sabiendo que se jugaba el tipo. Tampoco respondió con violencia a la violencia. Él sabe que lo esencial es el amor y este amor se extiende hasta los enemigos (1 Cor 12,31-13,13). Jesús comprende bien ese rechazo y lo interpreta a la luz de lo que habían vivido otros dos grandes profetas, Elías y Eliseo. La actividad de ambos profetas se resume aquí en algunos milagros realizados a favor de personas extrañas al pueblo de Israel. De esa manera se da a entender que Jesús será rechazado por su pueblo y acogido por los paganos cuando les sea anunciada la buena noticia.

    El pueblo, sin duda, consideró a Jesús como un profeta, pero desgraciadamente siguió la tradición del rechazo porque era una persona incómoda, que le recordaba las exigencias del Dios de la alianza. Curiosamente Jesús es rechazado, no porque anuncie amenazas sobre el pueblo, sino por anunciar la presencia de la salvación de Dios en su persona y actuación. No cabe duda que esas pretensiones les parecieron exageradas a sus contemporáneos. Que la celebración de esta eucaristía nos haga más conscientes de la dimensión profética de nuestras vidas, unas vidas que deben testimoniar continuamente a Dios y dar esperanza a nuestro mundo.

     

     


  • Hoy se cumple la Escritura que acabáis de oír

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    27 de enero de 2013 – Tercer Domingo Ordinario

    El año de la Fe pone en el centro de la vida cristiana la escucha de la Palabra de Dios, porque la fe viene de la escucha de la Palabra. Esta Palabra es siempre una fuerza de salvación para el creyente. Por eso es siempre una Buena Noticia. La mayoría de las personas, también en España, esperan esa buena noticia de un cambio de la situación económica. Desgraciadamente muy pocos esperan un cambio de valores y de manera de vivir. Ha sido, sin embargo, la falta de valores y de escrúpulos y la búsqueda de un bienestar predominantemente consumista lo que nos ha sumergido en esta crisis. El Evangelio es Buena Noticia para los pobres (Lc 4,12-30) porque les promete que Dios les va a hacer justicia en Cristo.

    El Evangelio no es una propuesta espiritualista sino que afecta a la sociedad y a su manera de organizarse. Si una sociedad no hace justicia a los pobres no se puede considerar una sociedad justa. El principio cristiano de organización de la sociedad comporta una solidaridad real de todos sus miembros: cuando un miembro sufre, todos sufren con él (1 Cor 12,12-30).

    Jesús insiste en que la Escritura se cumple en las personas de los oyentes. Desde luego hace falta mucha fe y estar dispuesto a mirar el mudo al revés. Jesús vincula el cumplimiento de la Escritura a su propia persona. Él es la realización de la Escritura y no sólo de este pasaje mesiánico, que habla de la misión del futuro Mesías, una misión de gracia y liberación. Creer en Jesús significa haber encontrado el sentido de la propia vida aunque uno tenga que realizar en la privación de todo. A partir de este momento la lectura cristiana de la Escritura es una lectura en clave cristológica. La Escritura habla de Cristo. La Escritura es la Palabra de Dios y esa Palabra se ha hecho carne en Jesús, el Verbo de Dios. Todas las palabras de la Escritura nos hablan de la Palabra con mayúscula, que es Cristo.

    La escucha de la Palabra de Dios realiza el encuentro personal con Cristo. Fácilmente se echa de ver que no se trata de cualquier tipo de lectura o de escucha. Se trata de una escucha orante de la Palabra que acontece en la fe. Una fe que piensa y ama, y trata de encarnar la Palabra en la vida. El método llamado Lectio Divina nos ayuda a encontrarnos con Cristo en la  Palabra.

    La comunidad cristiana es una comunidad litúrgica, como lo era también Israel (Neh 8,2-10). En ella la comunidad confronta su vida con la Palabra de Dios y encuentra en ella la luz y la fuerza que necesita para hacer presente a Jesús en el mundo. Esa palabra ilumina sobre todo el misterio pascual, a través del cual la Iglesia alcanza la liberación prometida. La Iglesia, como comunidad litúrgica, es toda ella carismática y ministerial.

    Para Pablo no cabe duda de que todos esos dones maravillosos que se manifiestan en la comunidad son un regalo del Espíritu para construir el cuerpo de Cristo. En el cuerpo coexisten la unidad y la diversidad. La unidad es unidad en la diversidad; la diversidad está integrada en la unidad. Cada uno debe considerar que el otro es un don para sí y ser acogido también como don por el otro. En ese diálogo y reciprocidad de carismas se construye el cuerpo de Cristo. En la celebración de la eucaristía, a través de la escucha de la Palabra y la recepción del cuerpo y sangre de Cristo, construimos su Cuerpo.


Lorenzo Amigo

Es sacerdote marianista, licenciado en filosofía y filología bíblica trilingüe, doctor en teología bíblica. Ha sido profesor de hebreo en la Universidad Pontificia de Salamanca y de Sagrada Escritura en el Regina Mundi de Roma. Fue Rector del Seminario Chaminade en Roma de 1998 a 2012. Actualmente es párroco de San Bartolomé, en Orcasitas, Madrid.


Sobre el blog

La Palabra de Dios es viva y eficaz. Hacer que resuene en nuestros corazones y aliente en nuestras vidas. Leer nuestro presente a la luz de la Palabra escuchada cada domingo. Alimentarse en la mesa de la Palabra hecha carne, hecha eucaristía. Tu Palabra me da vida.


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