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Hoy se cumple la Escritura que acabáis de oír

27 de enero de 2013 – Tercer Domingo Ordinario

El año de la Fe pone en el centro de la vida cristiana la escucha de la Palabra de Dios, porque la fe viene de la escucha de la Palabra. Esta Palabra es siempre una fuerza de salvación para el creyente. Por eso es siempre una Buena Noticia. La mayoría de las personas, también en España, esperan esa buena noticia de un cambio de la situación económica. Desgraciadamente muy pocos esperan un cambio de valores y de manera de vivir. Ha sido, sin embargo, la falta de valores y de escrúpulos y la búsqueda de un bienestar predominantemente consumista lo que nos ha sumergido en esta crisis. El Evangelio es Buena Noticia para los pobres (Lc 4,12-30) porque les promete que Dios les va a hacer justicia en Cristo.

El Evangelio no es una propuesta espiritualista sino que afecta a la sociedad y a su manera de organizarse. Si una sociedad no hace justicia a los pobres no se puede considerar una sociedad justa. El principio cristiano de organización de la sociedad comporta una solidaridad real de todos sus miembros: cuando un miembro sufre, todos sufren con él (1 Cor 12,12-30).

Jesús insiste en que la Escritura se cumple en las personas de los oyentes. Desde luego hace falta mucha fe y estar dispuesto a mirar el mudo al revés. Jesús vincula el cumplimiento de la Escritura a su propia persona. Él es la realización de la Escritura y no sólo de este pasaje mesiánico, que habla de la misión del futuro Mesías, una misión de gracia y liberación. Creer en Jesús significa haber encontrado el sentido de la propia vida aunque uno tenga que realizar en la privación de todo. A partir de este momento la lectura cristiana de la Escritura es una lectura en clave cristológica. La Escritura habla de Cristo. La Escritura es la Palabra de Dios y esa Palabra se ha hecho carne en Jesús, el Verbo de Dios. Todas las palabras de la Escritura nos hablan de la Palabra con mayúscula, que es Cristo.

La escucha de la Palabra de Dios realiza el encuentro personal con Cristo. Fácilmente se echa de ver que no se trata de cualquier tipo de lectura o de escucha. Se trata de una escucha orante de la Palabra que acontece en la fe. Una fe que piensa y ama, y trata de encarnar la Palabra en la vida. El método llamado Lectio Divina nos ayuda a encontrarnos con Cristo en la  Palabra.

La comunidad cristiana es una comunidad litúrgica, como lo era también Israel (Neh 8,2-10). En ella la comunidad confronta su vida con la Palabra de Dios y encuentra en ella la luz y la fuerza que necesita para hacer presente a Jesús en el mundo. Esa palabra ilumina sobre todo el misterio pascual, a través del cual la Iglesia alcanza la liberación prometida. La Iglesia, como comunidad litúrgica, es toda ella carismática y ministerial.

Para Pablo no cabe duda de que todos esos dones maravillosos que se manifiestan en la comunidad son un regalo del Espíritu para construir el cuerpo de Cristo. En el cuerpo coexisten la unidad y la diversidad. La unidad es unidad en la diversidad; la diversidad está integrada en la unidad. Cada uno debe considerar que el otro es un don para sí y ser acogido también como don por el otro. En ese diálogo y reciprocidad de carismas se construye el cuerpo de Cristo. En la celebración de la eucaristía, a través de la escucha de la Palabra y la recepción del cuerpo y sangre de Cristo, construimos su Cuerpo.

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