• Id y haced discípulos

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    28 de mayo de 2017 – La Ascensión del Señor

     

    Los hombres hoy día han ido perdiendo la memoria histórica, A pesar de todo, algunos grandes personajes de la historia siguen ejerciendo todavía una influencia en ella a través de su pensamiento o de las religiones que han fundado. Podemos decir que su causa, lo que dio sentido a su vida, sigue estando vivo y presente. Jesús vive en la intimidad de Dios y por eso sigue vivo y presente en nuestra historia a través de la acción de su Espíritu y de las personas y acciones de sus  seguidores. Jesús ha querido asociarnos a su misión de salvar el mundo.

    Jesús mismo da un mandato a sus amigos de continuar su obra y promete estar siempre con ellos (Mt 28, 16-20). Se  nos anticipa así la historia de la Iglesia en la que sigue vivo el Señor resucitado. La llamada ascensión es la exaltación del crucificado, al que Dios hace justicia, sentándolo a su derecha. Estando con Dios, no se ha alejado de la historia humana, sino que está más presente que nunca pues ya no existen para Él las barreras del espacio y del tiempo (Ef 1,17-23).

    No hay pues ruptura sino continuidad entre Cristo y su Iglesia, presente ya en su vida pública en la persona de sus discípulos, que reciben el testigo y lo van pasando a las generaciones venideras. Entramos en el tiempo de la misión, en el que no se puede estar mirando al cielo sino que hay que anunciar el evangelio (Hechos 1,1-11). La persona de Jesús se convierte en la clave de la historia universal y de cada una de las personas. En la acogida o el rechazo de Jesús cada uno se juega su destino. La Iglesia se siente por tanto investida de una misión muy seria. Está en juego nada menos la salvación o la perdición de las personas.

    La Iglesia contempla la humanidad con el mismo amor de Dios Padre que tanto amó al mundo que le dio su propio Hijo, no para condenar al mundo sino para que se salve. La Iglesia quiere ser instrumento de salvación al servicio del mundo. En ella se anticipa esa salvación que es Cristo. La salvación no se refiere solamente a la otra vida, o a la vida del alma, sino que tiene que ver con la totalidad de la persona que experimenta ya ahora lo que significa ser salvada. Sin duda estamos salvados en esperanza, pero tenemos ya la garantía de lo que será la realidad definitiva que contemplamos ya en Cristo exaltado a la diestra del Padre.

    La celebración de la Ascensión no puede menos que provocar una alegría en todos nosotros por el triunfo de Cristo, nuestro hermano, que ha coronado ya la existencia. No se ha ido sino que sigue presente entre nosotros. No se trata de una presencia puramente estática, como la del espectador que contempla impasible la historia humana. Se trata de una presencia dinámica comprometida con el futuro de la historia del hombre. Ahora tenemos un hombre que puede hablar a los oídos de Dios en un lenguaje humano. El intercede constantemente por nosotros ante el Padre. Que la celebración de la eucaristía nos lleve a ser testigos creíbles de la presencia de Jesús en nuestro mundo.


  • No os dejaré huérfanos

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    21 de mayo de 2017 – 6 Domingo de Pascua

     

    Se ha hablado a veces de la orfandad espiritual de nuestro tiempo. No por la falta de los padres, que a veces están poco presente en la vida de los hijos, sino sobre todo por la falta de personas que puedan servir de puntos de referencia. En realidad la cultura actual rechaza cualquier punto de referencia normativa. Cada uno tendría que estar inventando en cada momento su propia vida. Eso supone una tarea difícil de asumir incluso por un adulto pues supone un tener que estar discerniendo constantemente lo que tiene que hacer en cada momento.

    Resulta, en cambio,  prácticamente imposible para un joven o un adolescente que no tiene esa capacidad de discernimiento por falta de puntos de referencia. De esa manera son las víctimas de la manipulación consumista. Nada extraño el que la mayoría de los jóvenes anden desorientados. Los discípulos experimentaron la ausencia de Jesús, arrebatado por la muerte en la cruz. Se encontraron desvalidos en la situación de un huérfano menor de edad (Juan 14,15-21).

     Durante la presencia terrena de Jesús, éste era su defensor y consolador. Ahora será el Espíritu el que asuma esa misión. Se sigue suponiendo que los discípulos y seguidores de Jesús se encuentran en situaciones difíciles y conflictivas en las que es necesario la ayuda, la defensa y el consuelo. Todo eso lo hace el Espíritu. Él es el Espíritu de la verdad, frente al espíritu del error en que yace el mundo. La verdad se abre camino por sí sola. Es el Espíritu el que irá reivindicado ante el mundo la persona de Jesús y su causa, ahora vivida por sus discípulos.

    Esta venida de Jesús en su Espíritu es una venida íntima, que acontece en el profundo del ser de la persona. No es un acontecimiento ostentoso visible para todos, aunque acontecía a través de la imposición de manos de los apóstoles (Hechos 8,5-8.14-17). Implica, por tanto, a la comunidad eclesial y a cada cristiano llamado a dar razón de su esperanza (Pedro 3,15-18). La falta de esperanza, como en el mundo antiguo, en buena medida viene de la ausencia de Dios y de la banalización de la existencia.

    La Iglesia es una madre que cuida siempre de sus hijos. Es ante todo un seno acogedor donde resulta posible vivir el evangelio. La Iglesia es madre y maestra que nos va formando y acompañando en nuestra vida de fe, mediante el alimento de la Palabra, los sacramentos y el compromiso misionero en el mundo. Es el Espíritu el que hace que la Iglesia no sea simplemente un tinglado humano sino un instrumento al servicio del Espíritu.

    La experiencia del Espíritu se traduce en lo concreto de la vida. Es el Espíritu el que anima ese amor concreto que se traduce en obras al servicio sobre todo de los más pobres.  No existe amor a Jesús sin la observancia de sus mandamientos, sobre todo del mandamiento del amor fraterno. Al que ama, Jesús se le va revelando poco a poco a través de la acción de su Espíritu y lo va introduciendo en el misterio de Dios. En la celebración de la eucaristía es el Espíritu el que transforma nuestras ofrendas del pan y del vino en el cuerpo y sangre de Cristo y el que reúne a la Iglesia extendida por toda la tierra. Pidamos que también nosotros podamos experimentar su acción transformadora en nuestras vidas.

     

     

     


  • Creed a las obras

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    14 de mayo de 2017 – 5 Domingo de Pascua

      

    El gran desafío de la fe cristiana hoy sigue siendo la credibilidad de la Iglesia y de los creyentes. El papa Francisco ha supuesto sin duda alguna un nuevo punto de partida en cómo el mundo mira a la Iglesia. De nuevo ha empezado a escuchar al Papa porque ve que tiene algo importante que decir para la construcción de un mundo más humano y fraterno. A veces da la impresión de que el Papa está solo en este deseo de una Iglesia más evangélica, más cercana a los pobres.

    Gracias a  la presencia de personas santas que siguen haciendo presentes las obras de Cristo en nuestro mundo, la Iglesia sigue adelante siendo instrumento de salvación. Jesús nos prometió que, en su ausencia, nosotros seríamos capaces de hacer las mismas obras que Él hizo (Jn 14,1-12). La Familia Marianista podemos alegrarnos de que el Papa ha autorizado la semana pasada la promulgación del decreto del milagro atribuido a la Madre Adela fundadora, junto al Beato Chaminade, de la Familia Marianista. Así que pronto también veneraremos a ella como Beata. Proveniente de la  pequeña aristocracia francesa (1789-1828) tuvo una sensibilidad especial para con los pobres de su entorno.

    El lenguaje de las obras, el lenguaje de la caridad fraterna, es el único que puede comprender nuestro mundo incrédulo. El reto actual no es cuestión de doctrinas, de ideologías sino de un estilo de vida convincente. Ese fue ya el argumento de Jesús ante la incredulidad de sus contemporáneos. Jesús no pide la fe en Él porque esto le suponga alguna ventaja para Él mismo. Lo que Él quiere es que se realice el plan salvador del Padre de que ninguno de sus hijos perezca. Ese plan de salvación pasa a través de nuestra fe en Cristo Jesús en quien el Padre se manifiesta y actúa para salvar al mundo. El lenguaje de Dios es un lenguaje de hechos. Es el único lenguaje que conoce el Dios liberador, que hace justicia a los oprimidos.

    Las obras de Jesús son elocuentes para el que quiere ver. Pero incluso su discípulo Felipe no es capaz de percibir que en Jesús está actuando Dios Padre. Felipe pide simplemente que le muestre a Dios y todo lo demás sobra. Jesús se da cuenta de que su vida y enseñanzas han ayudado poco a los discípulos. Todavía no han sido capaces de descubrir en su persona la persona del Padre. No se han dado cuenta de que la persona de Jesús tan sólo se entiende a partir de Dios, como revelación definitiva de Dios. Los discípulos hubieran debido darse cuenta de que a través de Jesús era el Padre el que estaba hablando con ellos. En la persona de Jesús era el Padre el que estaba actuando, realizando aquellas obras maravillosas y sobrehumanas.

    Esta unión indisociable entre Jesús y el Padre implica también la unión entre Jesús y el creyente. Éste hará las mismas obras de Jesús, y aún mayores, pues Dios actuará en él, al irse Jesús al Padre. La gran obra de Jesús se prolonga en la Iglesia, una Iglesia carismática y ministerial, sobre todo al servicio de los necesitados (Hechos 6,1-79. En ella todos somos miembros activos, que contribuyen a su edificación para el bien del mundo (1Pedro 2,4-9). La Iglesia, para ser creíble, tiene que seguir realizando las mismas obras de liberación que hizo Jesús durante su vida mortal. Él actúa hoy a través de los creyentes que somos sus colaboradores en la obra de salvación de los hombres. La Iglesia se construye en torno a la eucaristía, pidamos que sea una comunidad creíble a través de las obras liberadoras que realizamos.

     

     

     


Lorenzo Amigo

Es sacerdote marianista, licenciado en filosofía y filología bíblica trilingüe, doctor en teología bíblica. Ha sido profesor de hebreo en la Universidad Pontificia de Salamanca y de Sagrada Escritura en el Regina Mundi de Roma. Fue Rector del Seminario Chaminade en Roma de 1998 a 2012. Actualmente es párroco de San Bartolomé, en Orcasitas, Madrid.


Sobre el blog

La Palabra de Dios es viva y eficaz. Hacer que resuene en nuestros corazones y aliente en nuestras vidas. Leer nuestro presente a la luz de la Palabra escuchada cada domingo. Alimentarse en la mesa de la Palabra hecha carne, hecha eucaristía. Tu Palabra me da vida.


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