• Caminar con Jesús y escucharlo

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    12 de marzo de 2017 – Segundo Domingo de Cuaresma

     

    ¿Merece la pena caminar? Por más que los médicos lo recomienden, seguimos prefiriendo ir en coche o en autobús. Y por eso nuestra forma no mejora sino que más bien vamos empeorando. Con el camino de la cuaresma puede pasarnos algo parecido. En vez de caminar con Jesús, preferimos tomar el autobús pensando que llegaremos más rápidos y descansados a la Pascua. Venimos a las celebraciones del domingo, incluso leemos algún pasaje del evangelio en casa, pero no llevamos a la práctica lo que la Palabra de Dios nos dice. Esa Palabra nos orienta hacia el hermano necesitado y no simplemente hacia una serie de verdades espirituales. La espiritualidad cristiana no es espiritualismo sino la práctica de la justicia, la caridad y la misericordia.

     La segunda etapa en nuestro camino hacia la Pascua anticipa el triunfo del Resucitado, que se transfigura ante sus discípulos (Mt 17,1-9). Es a Él al que hay que escuchar. Para vencer las tentaciones, Jesús acudía a la Palabra de Dios. Nosotros tenemos que escuchar la Palabra de Cristo, que es el Verbo de Dios, la Palabra hecha carne. A través de todas las palabras de Escritura descubrimos la única Palabra, que es el contenido de la revelación de Dios. Esa Palabra es realidad, acontecimiento, fuerza, y sobre todo es una persona. Nuestra vida está orientada hacia una persona y no hacia una realidad abstracta e impersonal.

    Es en la persona de Jesús en la que descubrimos la meta y el sentido de nuestra existencia. En Él se nos manifiesta claramente la figura del hombre creado a imagen de Dios y que fue deformada por el pecado. Es necesario todo un trabajo de restauración para volver a tener la imagen original. Es Jesús el que ha restaurada esa imagen mediante la acción de su Espíritu. Jesús destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal, por medio del evangelio (1 Tim 1,8-10). El nos introduce en el amor de su Padre. Tan sólo el amor y misericordioso de Dios puede reconstruir su imagen deformada por nuestro pecado.

    Celebrar el misterio pascual de Cristo es celebrar nuestro propio misterio, descubrir nuestra realidad más profunda. En Jesús se nos aclara el misterio que somos cada uno de nosotros. Es en Jesús en quien contemplamos el proyecto original de Dios sobre el hombre. Dios nos ha elegido desde toda eternidad en Cristo Jesús para que seamos uno en Él. En Cristo transfigurado descubrimos cuál es la auténtica vocación del hombre. El hombre está llamado a entrar en la intimidad de Dios, que nos concede su propia vida sin romper los límites de nuestra finitud. La meta del hombre es Dios. Sabemos que no podemos alcanzar esa meta, ese sueño de la humanidad de “ser como Dios”, mediante nuestra técnica. Sabemos que es un don de Dios.

    Pero para poder acoger ese don de Dios en nosotros hace falta vaciarnos de nosotros mismos, salir de nosotros mismos. Abrahán salió de su tierra, de su parentela y fue a donde Dios le indicó (Gen 12,1-4). Así se convirtió en un gran pueblo y en bendición para todos los pueblos. Dios, origen de toda bendición, asocia a sí a Abrahán para bendecir a todas las naciones. También Jesús  tuvo que vivir su propio éxodo, salir de su vida tranquila de Nazaret y embarcarse en la predicación del Reino. Tuvo que caminar hacia Jerusalén y desprenderse de su propia vida para recibir la vida misma de Dios. Que la celebración de la eucaristía vaya transfigurando nuestras vidas dando un sentido a los sufrimientos de nuestro mundo vividos unidos a Cristo.


  • La Palabra es un don, el otro es un don

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    5 de marzo de 2017 – Primer Domingo de Cuaresma

     

    El mensaje del papa Francisco para la cuaresma de este año, “la palabra es un don, el otro es un don”, nos recuerda que el camino de la conversión pasa a través del descubrimiento del pobre. Para ello se ha fijado en la conocida parábola de “el rico epulón y el pobre Lázaro” (Lc 16,19-31).  El rico, sumergido en su pecado, está ciego y no sabe descubrir en el pobre un don de Dios que le invita a la conversión. “La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano”.

    En el primer domingo de cuaresma contemplamos la creación y el pecado que distorsionó el proyecto original de Dios (Gen 2, 7-9; 3, 1-7). Con Cristo el hombre es redimido y hecho nueva criatura, pero sigue expuesto a la tentación y tiene que vencerla como hizo Jesús (Rom 5, 12-19).

    Jesús, al comienzo de su vida pública, tuvo que hacer una opción radical entre los valores del Reino que estaba despuntando y los valores del viejo mundo caduco del pecado que nos siguen seduciendo a todos (Mat 4, 1-11). El mundo nos sigue ofreciendo como sentido de la vida una especie de mesianismo terreno político. Es la tentación de crear una sociedad de espaldas a Dios en la que el “pan y espectáculos” lleva a adorar al dios de este mundo con la promesa de tenerlo todo. A Jesús, no sólo el maligno, sino también sus contemporáneos, incluso sus discípulos,  el propusieron un camino, lleno de éxitos espectaculares, pero lo rechazó. A la gente no se la salva mediante la seducción, sino  haciendo que se abra a la voluntad del Padre. Fue lo que siempre hizo Jesús.

    Jesús tomó la opción de ser un Mesías sufriente, que terminaría en la cruz por fidelidad al Reino y a sus hermanos necesitados de salvación. Tan sólo descubriendo las necesidades profundas de la persona, que no vive sólo de pan, y aceptando una vida sin milagros se puede permanecer fiel a Dios y a su Reino.

    En ese discernimiento que Jesús tuvo que hacer, encontró su norte en la Palabra de Dios. La Escritura es el libro del discernimiento porque denuncia los falsos mesianismos, las falsas ofertas de salvación barata y nos muestra la manera de actuar de Dios, de salvar a su pueblo.

    A lo largo de la cuaresma tenemos que rehacer la imagen de Dios en nosotros, deformada por el pecado. Para ello tenemos que tener fijos los ojos en Cristo, imagen verdadera del Padre. La victoria de Cristo sobre el mal es la promesa y garantía de nuestra propia victoria. También un día nosotros triunfaremos totalmente sobre el pecado. No estamos solos en esta lucha contra la seducción del mal. Cristo está a nuestro lado y Él ha vencido ya el mundo. La victoria que vence al mundo es nuestra fe.

    Mientras estamos en camino experimentaremos las tentaciones e incluso las caídas. Lo importante es no abandonar el camino que es Cristo. Con Él un día venceremos. En la celebración de la eucaristía actualizamos la victoria de Cristo y la hacemos nuestra de manera que nos disponemos a seguir combatiendo para vencer también nosotros el pecado.

     


  • No podéis servir a Dios y al dinero

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    26 de febrero de 2017 – 8 Domingo Ordinario

     

    Desde el momento de su elección, el papa Francisco expresó su deseo de una Iglesia de los pobres y para los pobres. En su exhortación La alegría del evangelio ha formulado de manera rotunda: “No a una economía de la exclusión”, “no a la nueva idolatría del dinero”, “no a un dinero que gobierna en lugar de servir, “no a la inequidad que genera violencia”. Y empezó desde el primer momento a dar ejemplo de cómo adoptar ese nuevo estilo de vida, tratando de vivir en lo posible como la gente sencilla.

    El dinero se ha ido enseñoreando de la vida de las personas. Sin él no se puede hacer nada. También en tiempo de Jesús era necesario el dinero para poder vivir. Jesús se dio cuenta de cómo el dinero podía convertirse en un ídolo al que uno sacrifica todo lo demás. Por eso nos pone ante la alternativa: o Dios o el Dinero (Mt 6,24-34). Está claro que nadie ni nada debe ocupar el puesto de Dios y su señorío sobre  el hombre. No es el hombre el que está al servicio del dinero sino el dinero al servicio del hombre, de todos los hombres y no solo de un grupo privilegiado que acapara para sí los recursos de la humanidad.

    Aparentemente todo se vende y todo se puede comprar con dinero. Jesús, sin embargo, atrae nuestra atención hacia realidades tan evidentes que corren el riesgo de pasar desapercibidas, para que descubramos una lógica distinta.  Jesús nos invita a aprender de la naturaleza. Contemplándola, podemos descubrir el cuidado amoroso que Dios tiene de todas sus criaturas, hasta de las que parecen más insignificantes. Todas las criaturas están en las manos de Dios, y están en buenas manos. También nosotros. Con todo nuestro dinero no podemos garantizar nuestra vida. Tenemos que ponernos confiadamente en las manos de Dios y dejar que Él realice su obra en nosotros y con nosotros.

    Jesús no invita a la pereza y a estar cruzado de brazos sino que nos anima a hacer nuestras tareas, pero sin agobios.  Hay sin duda que planificar en lo posible el futuro, pero ante todo hay que vivir en el hoy de Dios. También el mañana será en su momento este hoy. De esa manera centramos nuestras energías en lo que tenemos que hacer cada momento. Es lo que vemos en Jesús. Vive en el presente, intentando descubrir las llamadas del Reino en cada momento de su existencia. Responder a los desafíos presentes en cada momento es la mejor manera de abrirse al futuro de Dios.

    Dios es una madre que se ocupa de sus hijos (Is 49,14-15). A veces podemos tener la impresión de que el mundo está dejado de la mano de Dios, pero sabemos que no es así. Simplemente Dios nos deja suficiente espacio para que nosotros podamos hacer nuestro juego y colaborar con su obra creadora. Él nos ha confiado esta tarea y ha hecho de nosotros sus administradores (1 Cor 4,1-5). Los Padres de la Iglesia insistían en que no somos los dueños de las cosas y del dinero sino simplemente los administradores  al servicio de los pobres. Es una gran responsabilidad la que nos ha sido confiada.

    El peligro hoy día es que las cosas se apoderen de nuestro corazón y no nos dejen ya ni espacio ni tiempo para ocuparnos de las personas. La verdadera riqueza es la de la amistad. Las técnicas actuales nos permiten aumentar el círculo de nuestras amistades y mantener nuestros contactos con ellas. Pero las relaciones virtuales no pueden suplir el contacto cálido de un abrazo y un apretón de manos. En cada eucaristía Jesús viene a nuestro encuentro de manera real. Que Él nos ayude a poner nuestra confianza en Dios y  no en nuestro dinero.


Lorenzo Amigo

Es sacerdote marianista, licenciado en filosofía y filología bíblica trilingüe, doctor en teología bíblica. Ha sido profesor de hebreo en la Universidad Pontificia de Salamanca y de Sagrada Escritura en el Regina Mundi de Roma. Fue Rector del Seminario Chaminade en Roma de 1998 a 2012. Actualmente es párroco de San Bartolomé, en Orcasitas, Madrid.


Sobre el blog

La Palabra de Dios es viva y eficaz. Hacer que resuene en nuestros corazones y aliente en nuestras vidas. Leer nuestro presente a la luz de la Palabra escuchada cada domingo. Alimentarse en la mesa de la Palabra hecha carne, hecha eucaristía. Tu Palabra me da vida.


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