• El Señor te conceda la paz

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    1 de enero de 2013 – Santa María, Madre de Dios

    Os deseo a todos un Feliz Año 2013, que comenzamos bajo la protección de Santa María, Madre de Dios. Que Ella haga realidad nuestros deseos de Paz y Felicidad (Num 6,22-27). Todos queríamos dejar atrás el año que ha terminado. Sin duda no cumplió los deseos que teníamos al comenzarlo. La crisis sigue y amenaza este nuevo año. El papa Benedicto XVI ha escrito un mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, que pone el dedo en la llaga: Para salir de la actual crisis financiera y económica – que tiene como efecto un aumento de las desigualdades – se necesitan personas, grupos e instituciones que promuevan la vida, favoreciendo la creatividad humana para aprovechar incluso la crisis como una ocasión de discernimiento y un nuevo modelo económico.

    El Papa, en el mensaje de este año titulado “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9), presenta la paz como un don de Dios y como una tarea del hombre. Lógicamente se fija en el segundo aspecto. Aquí tienes algunos extractos. Los que trabajan por la paz son quienes aman, defienden y promueven la vida en su integridad.  Entre los derechos humanos fundamentales, también para la vida pacífica de los pueblos, está el de la libertad religiosa de las personas y las comunidades.

    Uno de los derechos y deberes sociales más amenazados actualmente es el derecho al trabajo. Esto se debe a que, cada vez más, el trabajo y el justo reconocimiento del estatuto jurídico de los trabajadores no están adecuadamente valorizados, porque el desarrollo económico se hace depender sobre todo de la absoluta libertad de los mercados. El trabajo es considerado una mera variable dependiente de los mecanismos económicos y financieros. Quien trabaja por la paz realiza la actividad económica por el bien común, vive su esfuerzo como algo que va más allá de su propio interés, para beneficio de las generaciones presentes y futuras. Se encuentra así trabajando no sólo para sí mismo, sino también para dar a los demás un futuro y un trabajo digno.

    Actualmente son muchos los que reconocen que es necesario un nuevo modelo de desarrollo, así como una nueva visión de la economía. Todos los que trabajan por la paz están llamados a cultivar la pasión por el bien común de la familia y la justicia social, así como el compromiso por una educación social idónea. Es necesario proponer y promover una pedagogía de la paz. Ésta pide una rica vida interior, claros y válidos referentes morales, actitudes y estilos de vida apropiados.

    La fiesta de Santa María, Madre de Dios, sigue siendo como la Navidad, ante todo la fiesta de la vida (Lc 2,16-21). Una vida confiada a los cuidados de los hombres y mujeres. Una vida que debe ser protegida desde su concepción hasta el momento final. Una vida siempre amenazada por el egoísmo humano y las tendencias destructoras que residen en el corazón del hombre y que se pueden desbordar cuando son manipuladas por las ideologías políticas.

    María, Madre de Jesús, que es el Hijo de Dios, nos enseña a mirar al hombre concreto, al hombre sufriente y doliente que las ideologías consideran un número dentro de la nación, el pueblo, el estado. La verdad del hombre es siempre una verdad concreta, con un nombre propio, con un rostro único e  irrepetible, que traduce el rostro humano de Dios manifestado en Cristo Jesús. De la misma manera que los padres dan un nombre al hijo antes de nacer, Jesús fue llamado con ese nombre ya en el momento de la Anunciación. María es la puerta que abre este nuevo año y que nos introduce siempre en el Reino, porque Ella nos lleva siempre hacia Jesús. Que Ella nos acompañe a lo largo de todo este año y nos conceda la Paz y la Felicidad.

     

     


  • El amor es el lazo de la unidad

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    30 de diciembre de 2012- La Sagrada Familia

    La crisis actual ha puesto de nuevo de relieve la importancia fundamental de la familia. Padres ancianos que vivían en residencias han vuelto a vivir de nuevo con sus hijos para ayudarles a hacer frente a las dificultades económicas. La familia es una realidad humana, apreciada en todas las culturas, pues es la célula de la sociedad. Desgraciadamente ésta y sus gobiernos se olvidan muchas veces de proteger la familia, incluso llegan a ponerle todo tipo de dificultades.

    Jesús nació en el seno de una familia humana. José y María cuidaron de él, le ayudaron a crecer y lo educaron para que pudiera llegar a ser una persona adulta responsable. La Sagrada Familia es el modelo de la familia cristiana, en realidad de toda familia ya que es de Dios mismo de quien procede toda paternidad en la tierra y en el cielo. La familia tiene un valor en sí como santuario de la vida. En ella uno es amado por lo que es, independientemente de que uno sea rentable económicamente. La familia cristiana trata de vivir la misma realidad de amor que viven todas las familias. Eso sí, vivida la vida familiar como Iglesia doméstica, la familia se consolida y es capaz de afrontar los desafíos del presente, que amenazan constantemente la estabilidad de la familia.

    A José y María se les confió la educación de Jesús. No debió ser fácil precisamente porque se trataba de un niño especial, aunque las cosas parecían desarrollarse con toda normalidad. José y María sabían que ese niño venía de Dios, pero todo parecía tan normal que casi lo olvidan. Cuando Jesús a los doce años se queda en el templo y se justifica diciendo que debe ocuparse de las cosas del Padre, no entienden lo que les quiere decir (Lc 2,41-52). Pero respetan la decisión del muchacho y no reaccionan violentamente.

    Hoy existe, como ha recordado tantas veces el papa, un auténtico desafío educativo. No se trata sólo de enseñar y transmitir conocimientos técnicos sino de educar en los auténticos valores que sostienen la vida social de un país. Es en el seno de la familia donde se adquiere por ósmosis esos valores humanos y religiosos. Desgraciadamente la situación social hace que muchas familias tiendan a desentenderse y delegar totalmente la responsabilidad de la educación de los hijos en las instituciones escolares. Éstas muchas veces buscan una excelencia puramente académica y dejan de lado la formación integral de la persona.

    Gracias a José y a María, Jesús pudo madurar y prepararse para su misión asimilando todos los grandes valores de su pueblo. También José y María maduraron en contacto con Jesús, aprendiendo a vivir para Él y respetando sus opciones, aunque no comprendieran su actuación.   Son los valores del Evangelio los que dan sentido a la familia humana e impiden que ésta se convierta en un egoísmo a dos o egoísmo a tres. Sólo abriéndonos a la perspectiva de la familia de Dios que es la Iglesia, nuestras familias humanas descubren su misión en el mundo: hacer presente a Jesús para construir el Reino. Que la celebración de esta eucaristía nos ayude a crear la gran familia humana de los hijos de Dios.

     

     


  • La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros

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    25 de diciembre 2012- Natividad del Señor, Misa del Día

    En la misa de medianoche de Navidad, hemos contemplado el nacimiento de Jesús, su anuncio a los pastores y los cantos de alegría de los ángeles. Nos hemos sumado a ellos con nuestros villancicos. En la misa del día de Navidad se nos invita a contemplar el misterio de la encarnación. En vez del bullicio de los villancicos y los instrumentos populares nos acompaña una música meditativa.

    El P. Chaminade, fundador de la Familia Marianista, no era muy propenso a las confidencias. Pero a sus 82 años confiaba a uno de sus discípulos: “Lo que no ceso de admirar desde hace algún tiempo, y demasiado poco tiempo, es que María, en el momento de la Encarnación, fue asociada a la fecundidad eterna del Padre, por su viva fe, animada de una caridad inconcebible, y engendró la humanidad de la que se revestía su adorable Hijo. La fe también, querido hijo, nos hace concebir a Jesucristo en nosotros mismos: Que por la fe Cristo habite en vuestros corazones (Ef 3,17)”.

    El misterio de la encarnación y del nacimiento del Hijo de Dios está en el centro de la espiritualidad marianista, que es una espiritualidad de fe. Y en este año de la fe estamos invitados a encontrarnos con Jesús, Hijo de Dios, hecho Hijo de María para la salvación de los hombres (Jn 1,1-18). El nacimiento de Jesús no es sólo un hecho de un pasado, que tuvo lugar en Belén. El P. Chaminade se hacía eco del Padre de la Iglesia, Orígenes: “¿De qué me sirve que Cristo haya nacido una vez de María en Belén, si no nace de nuevo por la fe en mi corazón?”.

    La fe viene a través de la escucha de la Palabra. Nuestro Dios no es un Dios solitario. Es un Dios que habla con el hombre a través de sus enviados los profetas (Hb 1,1-6). Son ellos los que fueron revelando la intimidad de Dio y su proyecto de salvación para el hombre en diversas circunstancias de la historia. Ese diálogo se ha ido intensificando progresivamente y ha llegado a su cima en esta etapa final de la historia en la que estamos viviendo.

    Ese salto cualitativo en la historia se debe a que el diálogo de Dios con el hombre no tiene lugar a través de otros hombres, los profetas, sino que interviene directamente el Hijo de Dios, es decir Dios mismo. Como Hijo, es el heredero de todo, al que Dios ha dado todo. El Padre da todo al Hijo y el Hijo lo devuelve todo al Padre. El Hijo ha estado interviniendo constantemente en la historia a través de todos sus períodos. Decía San Ireneo que el Hijo y el Espíritu son las dos manos con las que Dios actúa en el mundo. Dios ha estado constantemente presente en la historia a través del Verbo, de su Palabra creadora que ilumina la vida de los hombres. Al hacerse el Verbo carne, la historia humana ha alcanzado su meta definitiva.

    Jesús es la Palabra definitiva del Padre, que no tiene ya nada más que comunicarnos (San Juan de la Cruz). Todo nos lo ha dicho y nos lo ha dado y se nos ha dado en Cristo Jesús. Es a Jesús al que ahora los hombres tenemos que escuchar pues no hay más Dios que el de Jesucristo.

    El Hijo es Dios. Los títulos que recibe, tomados del lenguaje bíblico y de la cultura griega, expresan esa igualdad. Es el reflejo de la gloria del Padre, la impronta de su ser. Tenemos aquí las primeras aproximaciones conceptuales a la divinidad de Jesús, orientado totalmente hacia Dios. Como Dios, tiene una función en la creación y en la conservación del mundo, que fue creado por la palabra de Dios.

    Pero sobre todo el Hijo ha realizado la obra de la redención mediante el perdón de los pecados. Se evoca así la aventura humana de Jesús que culmina en la muerte y la resurrección, mediante las cuales hemos sido salvados. Jesús ahora está glorioso, sentado a la derecha del Padre. Terminado el curso de su vida mortal vive como Dios, pues ese es el nombre con el que lo invocamos, con el nombre del Señor, que traduce el nombre de Dios en hebreo, Yahvé.

    Jesús es el mediador definitivo de la alianza con Dios y está muy por encima de los ángeles pues mantiene una relación de intimidad con Dios, de Hijo con el Padre, que es exclusiva suya, aunque nosotros participemos de ella. Los ángeles pueden ser todo lo espirituales que queramos pero, como nosotros, son adoradores del Hijo. Es lo que hicieron la noche de la Navidad y es lo que nosotros hacemos hoy en la celebración de la eucaristía.

     

     

     

     


Lorenzo Amigo

Es sacerdote marianista, licenciado en filosofía y filología bíblica trilingüe, doctor en teología bíblica. Ha sido profesor de hebreo en la Universidad Pontificia de Salamanca y de Sagrada Escritura en el Regina Mundi de Roma. Fue Rector del Seminario Chaminade en Roma de 1998 a 2012. Actualmente es párroco de San Bartolomé, en Orcasitas, Madrid.


Sobre el blog

La Palabra de Dios es viva y eficaz. Hacer que resuene en nuestros corazones y aliente en nuestras vidas. Leer nuestro presente a la luz de la Palabra escuchada cada domingo. Alimentarse en la mesa de la Palabra hecha carne, hecha eucaristía. Tu Palabra me da vida.


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