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Yo doy la vida eterna a mis ovejas

21 de abril de 2013- Cuarto Domingo de Pascua 

La falta de vocaciones religiosas y sacerdotales es un hecho que interroga y afecta a toda la comunidad cristiana. En su mensaje escrito en octubre pasado para esta Jornada de las Vocaciones, Benedicto XVI, siguiendo a Pablo VI, repetía que este tipo de vocaciones es un signo de la vitalidad de la vida cristiana. Lo que está en crisis, por tanto, es la fe cristiana, incluso se puede decir la fe en el futuro de la humanidad. La falta de vitalidad, en efecto, se traduce también en la escasez de hijos en todas las familias.

A pesar de la situación actual mantenemos la esperanza para el futuro. La esperanza no se fundamenta en los cálculos humanos sino en la fe fundada en las promesas de Dios y en su actuar en la realidad histórica. Dios suscita siempre las personas de las que tiene necesidad para apacentar a su rebaño. La elección del papa Francisco es un buen ejemplo de cómo Dios no abandona a su pueblo sino que le da un pastor apropiado para las circunstancias presentes. Francisco está suscitando el interés no sólo de los católicos sino incluso de los ateos. Los católicos conocen a sus pastores y los siguen cuando ven que verdaderamente encarnan la figura del Buen Pastor (Jn 10,27-30). Desgraciadamente habrá siempre algunos mercenarios que se aprovecharán del cargo para servirse de las ovejas, en vez de estar a su servicio.

La Jornada de las Vocaciones nos lleva a pensar en estas personas que han dedicado su vida al servicio de la Iglesia de los demás. También el matrimonio cristiano es, sin duda, una vocación. Tan sólo en el seno de familias profundamente cristianas puede germinar la vocación sacerdotal y religiosa. En el origen de toda vocación está el encuentro personal con Cristo que llama. Por eso la vocación supone una cierta capacidad de escucha de la llamada. Hoy se corre el peligro de cerrarse en banda, como hicieron los que escucharon a Pablo (Hech 13,14.43-52). Tenían ya sus esquemas hechos y todo lo que se saliera de ellos no era aceptado. Los paganos, en cambio, están atentos a la novedad del Espíritu.

La capacidad de escucha supone una sintonía entre el que habla y el oyente. Jesús se identifica de tal manera con el oyente que es uno de ellos. Jesús es el Buen Pastor y sus fieles son sus ovejas. Pero curiosamente ese pastor no se presenta como la figura tradicional del Rey, que recibe ese título porque gobierna a sus súbditos. Al atribuir al Cordero, es decir a Jesús muerto y resucitado, el título de Pastor, la comunidad proclama que nuestro Mesías, el representante de Dios, es uno de los nuestros. Más aún, es alguien que ha sido degollado, que ha dado la vida por nosotros (Ap 7,9.14-17). No es de extrañar que sus ovejas lo escuchen, lo obedezcan y lo sigan. Quieren vivir con Él porque así encuentran la vida. Los sacerdotes deben identificarse con Jesús, Buen Pastor, y conducir las ovejas hacia Él, y no hacia sí mismos.           

Probablemente se están produciendo muchas bajas en las filas de la Iglesia. Nada puede, sin embargo, separar a los seguidores de Jesús de su Señor ya que en Él tienen asegurada la salvación. Es el Padre el que ha dado esas ovejas a Cristo. Las ovejas son del Padre, que es superior a todos, y por eso nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Los creyentes en Jesús, a través de Él, están en buenos manos, en las manos del Padre. El Padre y Jesús son uno. Por eso Jesús puede presentarse como el Pastor del pueblo, título que pertenecía a Dios mismo. El pueblo de los redimidos por Cristo tiene a Él como pastor. Él los conduce a las fuentes de agua vida, que son el Espíritu de Dios. Es Jesús el que nos da su Espíritu. Ese pueblo apacentado por Jesús habita en la casa misma de Dios, en su templo, dándole culto día y noche.

En la celebración de la eucaristía damos culto a Dios nuestro Padre. Le damos gracias porque nos ha salvado en Cristo Jesús, que es nuestro Pastor, que nos alimenta con su propia vida, con su palabra, con su cuerpo y sangre. Pidamos en particular por los sacerdotes que hacen presente a Jesús, Buen Pastor, en medio de la comunidad.

 

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