19 de octubre de 2025 – 29 Domingo Ordinario
Para la jornada del Domund de este año, el Papa León recuerda su experiencia como misionero en Perú, y los frutos que aportan las misiones y los misioneros a la Iglesia: “Cuando fui sacerdote, luego obispo misionero en Perú, vi de primera mano cómo la fe, la oración y la generosidad manifestadas en esta Jornada pueden transformar comunidades enteras”.
Los cristianos no debemos dejarnos robar la esperanza de que otro mundo es posible. Hay que mantenerla a través de la oración. Los cristianos han rezado y seguimos rezando para que venga el Reino y Dios haga justicia a sus elegidos.
Nuestra fe confiesa que la historia del mundo está en las manos de Dios y tiene un sentido. Para Dios nada es imposible y Él se preocupa del bien de los suyos (Ex 17,8-13). La parábola de hoy pone un ejemplo tomado de la vida social (Lc 18,1-8). Desgraciadamente es siempre actual. Muchas personas se sienten frustradas en su búsqueda de justicia. Recorren a todas las instancias y le viene siempre denegada. Pocos, sin embargo, piensan en apelar a Dios y en encomendarle a Él su causa. La viuda del evangelio traduce bien la impotencia de los débiles ante el cinismo de los fuertes. Al final el juez hace justicia por quitársela de encima y no sentirse importunado cada día con una manifestación o una sentada.
El evangelio dice claramente que se trata de un juez injusto, todo lo contrario de Dios. Dios no puede menos que hacer justicia sobre todo a sus elegidos. Y la hará rápidamente. Solo se necesita tener fe. Hay que creer que este mundo puede cambiar, que se puede construir un mundo diferente. Sin duda eso es lo que expresaba la viuda con su constante reclamar justicia. No admitía ni por asomo que las cosas sean como son y que no haya manera de cambiarlas. Ese reclamar ante Dios se traduce en la oración constante y confiada. La confianza nos viene del hecho de que Dios está constantemente cambiando la historia, derribando a los potentados de sus tronos y exaltando a los humildes.
El problema es que la fe se enfría y nos olvidamos de Dios. Es necesario alimentar la fe y la confianza en la oración. El interrogante final del evangelio nos deja a todos en suspenso. ¿Seremos capaces de mantener la fe hasta la venida del Hijo del hombre? Él es el que establecerá definitivamente la justicia, pero la está instaurando ya poco a poco con la colaboración de todos los justos.
La mejor manera de avivar nuestra fe es el contacto con la Palabra de Dios, con la Biblia (2 Tim 3,14-4,2). Cada vez que leemos y proclamamos las acciones liberadoras de Dios, las hacemos actuales hoy. La memoria de la liberación es una memoria peligrosa porque recuerda a los poderosos que ellos no son invencibles. Tantas veces Dios los ha derribado de sus tronos que también hoy puede hacerlo. En la eucaristía actualizamos la acción liberadora de Dios que rescató a su Hijo de la tumba, víctima de los poderosos de este mundo. Que la fuerza de la resurrección nos lleve a luchar a favor de un mundo más justo y más fraterno.
