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Está cerca de vosotros el Reino de Dios

7 de julio de 2013 – 14 Domingo Ordinario

 

Después de casi un año del Sínodo de la Nueva Evangelización para la transmisión de la fe, no parece que se haya avanzado mucho. Sin embargo la renuncia de Benedicto XVI y la elección del papa Francisco han despertado el interés por la fe cristiana tanto de creyentes como no creyentes.  Probablemente en el tema de la evangelización no acertamos en el diagnóstico de lo que está pasando y por eso no somos capaces de encontrar la respuesta adecuada.

Se ha insistido mucho, con razón, en los cambios culturales de nuestro tiempo y en el nuevo tipo de persona a evangelizar. Incluso se ha puesto en duda de que se pueda transmitir la fe como se transmiten los conocimientos. La fe no es simplemente una doctrina sino un encuentro personal con Cristo. Pero últimamente estamos descubriendo que  el problema no está sólo en el hombre a evangelizar sino en la Iglesia que evangeliza. Necesitamos no tanto maestros como testigos creíbles de la fe cristiana. En ese sentido el papa Francisco con su nuevo estilo está suscitando la posibilidad del encuentro personal con Cristo.

La Iglesia sólo puede continuar la obra de la evangelización, iniciada por Jesús y sus apóstoles, en la medida en que es fiel al Evangelio recibido. Tan sólo la presencia de testigos creíbles puede hacer actual la Buena Noticia de Jesús. En cada época de la historia es el mismo Jesús el que sigue enviando a sus discípulos (Lc 10,1-12. 17-20). Éstos deben asumir la misión de Jesús y no inventarse otro estilo de vida. Cada vez más estamos descubriendo que la Iglesia ha seguido lógicas humanas y no las orientaciones de Jesús, reafirmadas en el Vaticano II.

La manera de realizar la misión repite las enseñanzas que Jesús había dado a los doce y muestran el estilo propio de la misión de Jesús. Como Pablo, cada uno puede decir: “Yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús” (Gal 6,14-18). Van de dos en dos para ser testigos creíbles de la experiencia que anuncian. La misión es siempre difícil pues uno se encuentra siempre indefenso como ovejas en medio de lobos. No se le permite al discípulo proveerse de los medios más necesarios para subsistir. Debe confiar en la Providencia y en la buena acogida de las personas a las que anuncian el Reino, que hacen presente mediante las curaciones. Pero no deben hacerse ilusiones, muchas veces serán rechazados.           

Los discípulos volvieron muy contentos de aquella misión porque hicieron grandes prodigios en el nombre de Jesús. El anuncio del evangelio significa, según Jesús, la ruina de Satanás. Pero la alegría del discípulo no debe basarse en los milagros que realizará sino porque le espera una gran recompensa en el cielo. Participar en la misión de Jesús significa también tener parte en su destino glorioso junto al Padre.

La Iglesia se construye en torno a la Eucaristía como Iglesia misionera porque en ella pedimos al Padre que reúna a todos los hombres por medio de su Espíritu. En cada Eucaristía experimentamos que el Reino de Dios está cerca y que el Señor Jesús está viniendo a nuestro encuentro.

 

 

 

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