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Señor, ¿cuándo te vimos hambriento?

26 de noviembre de 2017 – Jesucristo, Rey del Universo

 

Aunque asistimos a diversas muestras de insolidaridad, entre los países y dentro de nuestro país, es una buena noticia el que los cristianos españoles siguen apoyando decididamente a las misiones y a Cáritas. Es la manera concreta de vivir las obras de misericordia y de caridad. Ésta debiera ser la cara que presenta siempre ante los hombres la Santa Madre Iglesia, la cara del amor. Desgraciadamente en los medios de comunicación aparecen muchas veces otras caricaturas de ella, no siempre exentas de fundamento. Esa caridad es parte integrante de la lucha a favor de la justicia. Jesús anunció un Dios que hace justicia a aquellos a los que el mundo no hace justicia y trata de manera injusta.

En los tiempos bíblicos, era el rey el encargado de hacer justicia. Se le representa muchas veces bajo la figura del pastor que trata con equidad a sus ovejas, es decir, según las necesidades de cada una (Ez 34,11-17). Tratar a todos por igual era para los antiguos la mayor injusticia. Hoy día creemos que esas consideraciones de las situaciones particulares no tienen nada que ver con la justicia, todo lo más los cristianos las consideran objeto de la caridad cristiana. Y, efectivamente, como dice el Papa, sólo con la caridad cristiana se puede crear un mundo justo.

El deseo de justicia se expresa en la idea del juicio final. El examen final al que nos someterá Jesús tiene que ver con la realización de la justicia en este mundo (Mt 25,31-46). En realidad es un examen sobre las obras de misericordia, porque sólo la misericordia y la compasión son capaces de hacer justicia al hombre sufriente y doliente. Las obras de misericordia tienen que ver con las personas a las que el mundo no hace justicia: los hambrientos, los emigrantes, los desposeídos, los encarcelados.

El juicio de Jesús es coherente con su vida y su anuncio del Reino de Dios. El Reino viene sobre toda para esas categorías de excluidos de la sociedad. Son ellos los primeros destinatarios del Reino. Tan sólo los que son capaces de descubrir a Jesús y su Reino en los hambrientos, los emigrantes, los desposeídos y los encarcelados desean de verdad entrar en el Reino de Dios.

“A la tarde te examinarán en el amor” (San Juan de la Cruz). Será un examen práctico y no teórico. No se aprueba con un trabajo escrito o unas respuestas aprendidas de memoria. Habrá que mostrar los ejercicios prácticos que uno ha realizado. Habrá que demostrar que uno ha aprendido ya a vivir en el Reino.

El amor cristiano sigue siendo todavía la asignatura pendiente del cristianismo, aunque haya ejemplos reconfortantes de cristianos que va superando la prueba con sobresaliente. La fiesta de Jesucristo, Rey del Universo, colocada en el último domingo del año litúrgico, nos recuerda que sólo podremos formar parte del Reino de Dios si tenemos un corazón compasivo y misericordioso como el de Jesús. Que la celebración de la eucaristía nos ayude a descubrir a Jesús en los pobres y marginados para que un día tengamos parte con ellos en el Reino del Padre.

 

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