25 de enero de 2026- Tercer Domingo Ordinario
Ls deseos de Paz, Alegría y Amor expresados en nuestras felicitaciones de Navidad y Año Nuevo, una vez más, se ven frustrados con acontecimientos que siguen sometiendo a las personas al sufrimiento y la frustración. Terminó el Jubileo de la Esperanza y parece imponerse de nuevo la barbarie del más fuerte. Como creyentes, no podemos tirar la toalla y resignarnos. Dios nos ha confiado el cuidado de lo humano que asumió Jesús en su encarnación. A pesar de todo, el Reino de Dios está cerca. Abramos las puertas al Redentor.
El Reino comporta una transformación de la realidad, un paso de las tinieblas a la luz: “el pueblo que caminaba en las tinieblas vio una luz grande” (Is 8,23-9,3). Son precisamente los que viven en las tiniebla de la opresión y de la miseria los que experimentarán la luz del Reino. El Reino se hace presente en Jesús, en su persona, en sus palabras y en sus acciones. La persona de Jesús encarna el Reino. Dios se nos comunica en Cristo Jesús que comparte con nosotros su intimidad personal trinitaria. Esa vida es el Reino, vida que se hace presente ya ahora en la historia de los hombres que se convierten y cambian de vida. Uno cambia de vida cuando deja de pensar cómo ganar más dinero para consumir más y se preocupa, en cambio, de hacer de todos los hombres la única familia de Dios. Cuando Dios reina, todos somos hermanos.
El Reino se hace presente en la predicación de Jesús. Sus palabras son como un grande exorcismo que echa afuera los poderes que usurpan la soberanía de Dios. Sus palabras infunden una esperanza nueva en el corazón de los hombres. El evangelio es buena noticia de la cercanía y del amor de Dios. Son palabras de consuelo que curan los corazones afligidos que suspiran porque Dios haga justicia en el mundo. Las palabras de Jesús hablan de una nueva oportunidad para el pecador. Es posible rehacer la vida y empezar de nuevo en amistad con Dios.
El Reino se hace presente en las obras de Jesús que muestran la transformación individual y social que trae el reino. Los diversos tipos de curaciones son el signo de que Dios actúa a favor de la felicidad del hombre. Dios no reina para sus propios intereses sino que busca el bien de sus hijos.
El Reino se hace presente en la comunidad de los discípulos (Mt 4,12-23). La venida del Reino cambió la vida de Jesús y cambió la vida de los discípulos, que inauguraron un nuevo estilo de vida en familia basada no en los lazos de la sangre sino precisamente en el seguimiento de Jesús. Esa comunidad está al servicio del Reino, es una parábola que muestra cómo el Reino se hace presente entre los hombres y derriba las fronteras sociales y religiosas que tantas veces separan a los hombres.
La Iglesia es fermento de unidad y de reconciliación en este mundo dividido (1 Cor 1,10-13.17). Para realizar la misión, la Iglesia, necesita cambio, reforma, conversión. Se trata de superar el clericalismo y llegar a ser una Iglesia sinodal en la que todos caminamos juntos y somos miembros activos y corresponsables en la misión. Pidamos al Señor en la eucaristía que seamos testigos de su Reino saliendo al encuentro de nuestros hermanos los hombres.
