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A Dios solo servirás

 9 de marzo de 2014 – Primer Domingo de Cuaresma

A algunos les habrá sorprendido. Otros se lo veían venir. El mensaje del papa Francisco para la cuaresma señala que el camino de la conversión pasa a través de la pobreza de la Iglesia. Una pobreza que debe ser entendida a la luz del ejemplo de Jesús que “siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza” (2 Cor 8,9). Hay tres tipos de pobreza: material, moral y espiritual. La Iglesia debe hacer frente a estas tres realidades mediante el anuncio de evangelio: “Es necesario que las conciencias se conviertan a la justicia, a la igualdad, a la sobriedad y al compartir “De la limosna dirá: “Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele”.

En el primer domingo de cuaresma contemplamos la creación y el pecado que distorsionó el proyecto original de Dios (Gen 2, 7-9; 3, 1-7). Con Cristo el hombre es redimido y hecho nueva criatura, pero sigue expuesto a la tentación y tiene que vencerla como hizo Jesús (Rom 5, 12-19).

Jesús, al comienzo de su vida pública, tuvo que hacer una opción radical entre los valores del Reino que estaba despuntando y los valores del viejo mundo caduco del pecado que nos siguen seduciendo a todos (Mat 4, 1-11). El mundo nos sigue ofreciendo como sentido de la vida una especie de mesianismo terreno político. Es la tentación de crear una sociedad de espaldas a Dios en la que el “pan y espectáculos” lleva a adorar al dios de este mundo con la promesa de tenerlo todo. A Jesús, no sólo el maligno, sino también sus contemporáneos, incluso sus discípulos,  el propusieron un camino, lleno de éxitos espectaculares, pero lo rechazó. A la gente no se la salva mediante la seducción, sino  haciendo que se abra a la voluntad del Padre. Fue lo que siempre hizo Jesús.

Jesús tomó la opción de ser un Mesías sufriente, que terminaría en la cruz por fidelidad al Reino y a sus hermanos necesitados de salvación. Tan sólo descubriendo las necesidades profundas de la persona, que no vive sólo de pan, y aceptando una vida sin milagros se puede permanecer fiel a Dios y a su Reino.

En ese discernimiento que Jesús tuvo que hacer, encontró su norte en la Palabra de Dios. La Escritura es el libro del discernimiento porque denuncia los falsos mesianismos, las falsas ofertas de salvación barata y nos muestra la manera de actuar de Dios, de salvar a su pueblo.

 A lo largo de la cuaresma tenemos que rehacer la imagen de Dios en nosotros, deformada por el pecado. Para ello tenemos que tener fijos los ojos en Cristo, imagen verdadera del Padre. La victoria de Cristo sobre el mal es la promesa y garantía de  nuestra propia victoria. También un día nosotros triunfaremos totalmente sobre el pecado. No estamos solos en esta lucha contra la seducción del mal. Cristo está a nuestro lado y Él ha vencido ya el mundo. La victoria que vence al mundo es nuestra fe.

Mientras estamos en camino experimentaremos las tentaciones e incluso las caídas. Lo importante es no abandonar el camino que es Cristo. Con Él un día venceremos. En la celebración de la eucaristía actualizamos la victoria de Cristo y la hacemos nuestra de manera que nos disponemos a seguir combatiendo para vencer también nosotros el pecado.

 

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