Enviados por Jesús

14 de junio 2026 – Domingo 11, Tiempo Ordinario

La presencia del Papa León en España, estos días, ha mostrado la urgencia de la misión para construir comunidades de discípulos misioneros enviados a la misión. Se trata de sanar a nuestro mundo anunciando el Evangelio de la paz y la fraternidad de todos los pueblos. Una paz desarmada y desarmante como repite el Papa León. Como en tiempo de Jesús, la mies es abundante (Mat 9,36-10,8). El espectáculo de nuestro mundo, de las masas en movimiento, nos interpela a ser una iglesia en salida. Jesús entregó su vida por nosotros para reconciliarnos entre nosotros y con Dios (Rm 5, 6-11).

La verdad es que todos vemos las necesidades, todos sentimos una cierta compasión ante las imágenes que nos ofrecen de tantos hermanos nuestros en la miseria. ¿Qué es lo que hace que nuestros pies no se muevan y nuestras manos no actúen? Nuestro estilo de vida cómodo que nos ha paralizado y no nos permite actuar. Tan sólo Dios puede removernos y hacer que de espectadores pasemos a ser obreros activos en la misión. Tenemos que construir una Iglesia sinodal que continúe la obra que Jesús encomendó a los doce apóstoles, núcleo de nuestra Iglesia en la que todos somos corresponsables de la misión. Es una misión grandiosa la que no es confiada (Ex 19,2-69).

Anunciar la Buena Noticia del Reino fue la pasión de Jesús, la que dio sentido a toda su vida y a su muerte y resurrección. Proclamar que el Reino de Dios está cerca es también la misión de los apóstoles y de la Iglesia. La Iglesia se construye como Iglesia en cuanto anuncia el Evangelio. No es primero la Iglesia y luego anuncia el Evangelio, sino que la Iglesia existe en cuanto anuncia el Evangelio de Jesús. Sin ello la Iglesia queda reducida a una simple organización humana. La venida del Reino de Dios, como noticia de que Dios viene a instaurar la justicia, la paz, la libertad y la fraternidad, concierne a todo hombre. Se dirige de manera especial a los pobres, que se ven privados de sus derechos y de la posibilidad de vivir esos valores evangélicos que dan sentido a dignidad humana.

El anuncio del Reino va acompañado de los signos que hacen creíbles la presencia del Reino y el inicio del cambio de las situaciones humanas. La Iglesia debe anunciar el Evangelio con palabras y obras. La palabra de la Buena Noticia de la salvación en Cristo Jesús es importante en una cultura en que se quieren resolver los problemas a través de la palabra y del diálogo, y no a través de la violencia. Nos sentimos cómodos en esta cultura pues fue ya el camino que inició Jesús en su tiempo. Jesús invitó a crear, a través de pequeños signos, un nuevo tipo de cultura al servicio del hombre y de la comunidad humana.

Esos pequeños gestos indican el camino que hade seguir la Iglesia, pero que también puede ser compartido y realizado con todos los hombres de buena voluntad. Donde se cura a los enfermos y se cuida de los ancianos, está presente el Reino de Dios. Cuando un desesperado redescubre el sentido de la vida y encuentra razones para vivir, está viniendo el Reino de Dios. Si limpiamos las lepras de la corrupción que afligen a nuestras sociedades modernas, estaremos dando un paso para la venida del Reino de Dios. Si expulsamos los demonios de la cultura moderna que seducen las personas para llevarlas hacia lo más fácil, hacia el egoísmo y el desprecio de los demás, hacia el ansia de tener y poder sin límites, hacia una vida facilona de placer, entonces podrá irrumpir el Reino de Dios. Se creará una humanidad nueva, con una cultura nueva y una civilización del amor, donde los derechos de todos serán respetados, una civilización del amor donde lo importante serán las relaciones humanas y no el acaparar los bienes. Una Iglesia creíble será aquella que dé gratis todo lo que ha recibido gratuitamente.


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